ESCAPA DE LA MATRIX MUSICAL

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Columnas
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A los 33 años el ser humano promedio firma su acta de defunción auditiva. No es una suposición, lo dice la ciencia: a esa edad dejamos de explorar nuevos géneros y nos volvemos inmunes a las tendencias. Todo lo escuchado antes de cruzar esa línea de los 30 será, por decreto biológico, lo que te acompañe el resto de tu vida. En pocas palabras, a los 33 años, según la ciencia, muere la curiosidad.

Lo que realmente ocurre es un repliegue provocado por la inercia de la desdichada vida adulta. Las responsabilidades aumentan y devoran el tiempo libre, anulando la energía necesaria para salir a buscar nueva música. Pero hay algo más profundo: a medida que envejecemos, nos volvemos conservadores y aburridos. Nos da miedo la incomodidad. Dejamos de cambiar de estilo de ropa, repetimos los mismos restaurantes y nos atrevemos cada vez menos a probar lo desconocido. El oído es solo la primera víctima de nuestra propia rigidez.

Sumado a eso, nuestro propio cerebro nos juega sucio en complicidad con la nostalgia. Nos aferramos a las canciones que escuchábamos entre los 13 y los 22 años porque en esa etapa el cerebro era una esponja hiperreceptiva donde cada melodía quedó soldada a emociones intensas de la adolescencia. Es por eso que regresamos y regresamos a escuchar lo de aquella época; simplemente aspiramos a sentir nuevamente esa magia.

Oportunidad

Las plataformas de streaming tienen este comportamiento perfectamente calculado. Las listas de “novedades” o “hechas para ti” no están diseñadas para expandir tus horizontes: están optimizadas para predecir tu comportamiento, automatizar tu consumo y mantenerte cautivo en una zona de confort diseñada para facturar a costa de tu estancamiento musical.

Es decir, te dan exactamente lo que ya te gusta para que nunca te vayas.

Esta columna es una provocación para salir de esa Matrix musical. No permitas que el algoritmo te absorba, te unifique los gustos y te convierta en un dato predecible. Atrévete a salir a buscar el error. Escucha el género que siempre juraste que odiarías, dale una oportunidad a la artista pop de 20 años o piérdete en esa banda extraña vestida de polka dots.

Lo que realmente me preocupa es que las personas sientan una cada vez mayor apatía o indiferencia con la música conforme van creciendo.

Si en columnas anteriores he insistido en que la música es transportación, una espiral hipnótica y un viaje de inmersión profunda, en esta afirmo que negarte a buscar nuevos sonidos es aceptar la muerte de tu propia sensibilidad.

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