En esta ocasión conversé con Fabiana Estrada, magistrada federal en retiro, quien fue candidata a ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y coordinadora general de Asesores de la Presidencia de la propia SCJN, desde donde impulsó políticas de igualdad de género. La conversación giró en torno de una de las formas más complejas y menos comprendidas de violencia: la violencia vicaria.
Se trata de una agresión que no siempre es visible, pero sí profundamente dañina. No se ejerce de forma directa sino a través de las hijas y los hijos, colocándolos en el centro del conflicto.
Durante años permaneció invisibilizada, confundida con disputas familiares o procesos de separación, hasta que comenzó a nombrarse y a entenderse como lo que es: una forma de violencia de género.
Fabiana lo explica con claridad: “¿Qué es entonces la violencia vicaria o violencia por interpósita persona? Es una forma de violencia de género que se ejerce con la finalidad de dañar y de hacer sufrir a mujeres u hombres, pero a través del daño a sus hijos o hijas”. Es decir, no es un conflicto privado entre adultos, es una forma de violencia que impacta directamente en niñas y niños.
Las conductas pueden variar, pero el objetivo es el mismo: mantener control. “Principalmente los hombres buscaban dañar a sus parejas o exparejas por conducto de dañar a los hijos… Por ejemplo, a través de negar la pensión alimenticia, a través de ejercer amenazas contra los hijos”. Estas prácticas no son aisladas, forman parte de un patrón que durante mucho tiempo fue normalizado.
Uno de los mayores retos ha sido precisamente reconocer a la violencia vicaria. Muchas de estas conductas se interpretaban como parte de conflictos familiares, cuando en realidad responden a dinámicas de violencia más profundas. Hoy es posible identificar señales claras: amenazas, manipulación emocional de los hijos o el uso del sistema de justicia como mecanismo de presión.
Una realidad documentada
En su expresión más grave, las consecuencias pueden ser irreversibles. Fabiana es contundente: “En su expresión más violenta, la violencia vicaria puede llegar al asesinato de los hijos o hijas; su finalidad es precisamente lastimar a las mujeres”. No es un escenario hipotético, sino una realidad documentada.
México ha avanzado en su reconocimiento legal. La violencia vicaria ya está prevista en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, así como en el Código Civil y el Código Penal Federal. Sin embargo, el reto sigue siendo su aplicación efectiva: identificarla a tiempo, actuar con perspectiva de género y proteger a quienes están en mayor riesgo.
También implica un cambio social. Muchas mujeres aún no identifican que viven este tipo de violencia o dudan en denunciar. Por eso es importante insistir: existen mecanismos, redes de apoyo y herramientas legales para hacerle frente.
La violencia vicaria obliga a replantear la forma en que entendemos la justicia familiar. No basta con resolver disputas entre adultos: es necesario garantizar que niñas y niños no queden en medio de dinámicas de control y agresión.
Nombrarla permitió visibilizarla. Ahora, el reto es actuar frente a ella.

