GABRIELA VILLEDA MEJÍA: JUSTICIA CON PERSPECTIVA DE GÉNERO

GABRIELA VILLEDA MEJÍA
Columnas
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La justicia con perspectiva de género suele ser uno de los conceptos más discutidos y, al mismo tiempo, más malinterpretados en el debate público mexicano. Para algunos sectores representa una supuesta inclinación automática a favor de las mujeres; para otros, un mecanismo indispensable para equilibrar desigualdades históricas.

Sin embargo, pocas veces escuchamos a quienes tienen la responsabilidad de impartir justicia explicar con claridad qué significa realmente juzgar con perspectiva de género y, sobre todo, qué no significa.

En esta ocasión conversé con la jueza de distrito en el Estado de México, Gabriela Villeda Mejía, especialista en materia penal y con una sólida trayectoria en derechos humanos, justicia administrativa y perspectiva de género.

Su explicación resulta particularmente relevante en un momento en que la conversación pública suele polarizarse y reducir temas complejos a consignas simplistas.

La jueza fue contundente: “Lo que no es juzgar con perspectiva de género es darles la razón a las mujeres por el hecho de ser mujeres”. Una frase que resume uno de los mayores desafíos del debate público actual: entender que la perspectiva de género no busca privilegios, sino equilibrio.

Villeda explicó que se trata de un método argumentativo que permite identificar contextos de desigualdad y construir condiciones de igualdad sustantiva dentro de un proceso judicial.

También aclaró otro de los prejuicios más frecuentes: “Pensar que preliminarmente la culpa la tiene el hombre”. La jueza subrayó que la imparcialidad sigue siendo indispensable y recordó que actualmente existen protocolos no solo para juzgar con perspectiva de género, sino también con perspectiva de infancia y para personas de la diversidad sexual.

Piso parejo

La precisión de estos conceptos es fundamental. En un país donde la violencia contra las mujeres continúa siendo alarmante, la justicia necesita alejarse tanto de la indiferencia como de los estereotipos. Y justamente ahí radica uno de los puntos más importantes de la conversación: los estereotipos dañan a toda la sociedad.

Gabriela Villeda recordó cómo durante años ciertas normas dieron preferencia automática a las madres en casos de guarda y custodia, bajo la idea de que las mujeres eran naturalmente mejores cuidadoras. “El típico estereotipo de pensar que las mujeres somos mucho más aptas para cuidar a un menor genera una discriminación tanto para un hombre como para una mujer”, explicó.

La perspectiva de género, insistió, no significa romper las reglas procesales ni flexibilizar la ley, sino “poner piso parejo” cuando existen condiciones de desigualdad.

Pero quizás el momento más conmovedor de la entrevista llegó cuando compartió el caso de una niña contagiada de VIH por transmisión materno infantil, cuya situación quedó completamente desprotegida tras la muerte de sus padres. El ISSFAM suspendió tanto la atención médica como la pensión de la menor debido a criterios estrictamente administrativos relacionados con los años de servicio del padre militar.

La jueza explicó cómo, en este caso, fue indispensable visibilizar el contexto completo de vulnerabilidad: una niña huérfana, con una enfermedad altamente estigmatizada, bajo el cuidado de una abuela de edad avanzada y con escasos recursos educativos. La sentencia no solo analizó artículos legales: entendió el impacto humano detrás del expediente.

Y esa es precisamente la diferencia entre una justicia distante y una justicia verdaderamente humana. Porque cuando un juzgador comprende las condiciones sociales, económicas y culturales que rodean un caso, las sentencias dejan de ser simples resoluciones burocráticas y se convierten en herramientas capaces de cambiar vidas.

En un México donde once mujeres son asesinadas cada día, donde las violencias contra niñas, niños y adolescentes continúan creciendo y donde muchas víctimas aún desconfían de denunciar, resulta indispensable construir una justicia cercana, sensible y de puertas abiertas. Escuchar a juezas como Gabriela Villeda ayuda no únicamente a entender nuestros derechos, sino también a recuperar algo fundamental: la confianza en que la ley puede estar verdaderamente del lado de las personas.

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