LOS VALIENTES ESTÁN SOLOS

“Se necesita el acompañamiento del Estado entero”.

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Columnas
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Como por casualidad, circula en México una nueva edición del libro Los valientes están solos, de Roberto Saviano, en Editorial Anagrama. Se trata de una novela, digamos histórica, sobre las andanzas del juez Giovanni Falcone, aquel que emprendió una heroica lucha contra la mafia italiana y lanzó el primer maxiproceso para encarcelar redes completas de mafiosos.

A ratos pesado por la cantidad de información jurídica que contiene, el libro sin embargo ofrece una valiosa mirada al problema de enfrentar seriamente el narcotráfico.

La mayor parte del entorno judicial de Falcone no apoya su combate a la mafia; y no tiene qué ver con un mero problema de corrupción administrativa, sino con la dificultad de vencer el miedo a ser asesinado o sufrir la muerte de un ser querido a manos de la delincuencia organizada.

Si un tema atraviesa las páginas de toda la novela es el miedo: de los jueces, policías, ministros, familiares de todos los anteriores y hasta de los mafiosos.

Y es que el mecanismo persecutorio echado a andar por Falcone consiste en algo que hoy nos resulta familiar, pero por entonces era muy novedoso en Italia. Me refiero a los testigos protegidos, o subordinados que se convierten en delatores de jefes. A cambio de facilidades en la integración de una nueva identidad civil o de reducciones en sus condenas, los sicarios del narcotráfico tenían que revelar secretos de su organización respectiva y de sus propios patrones directos. Una oferta aparentemente razonable, pero igualmente peligrosa para quienes la tomaban, por el riesgo que entraña traicionar a los líderes en organizaciones mafiosas.

Con todo, el miedo más presente en las páginas del texto es el del propio protagonista, Giovanni Falcone, quien teme procrear hijos con su pareja, teme igualmente dejarla viuda y, naturalmente, teme por su misma vida.

A pesar de ello, se sobrepone continuamente al miedo; de ahí el título tan ilustrativo del libro, en especial si consideramos que la mafia sí terminó asesinando a Falcone.

Problema

Todo lo anterior viene a cuento por el gigantesco problema de establecer en México un sistema de combate a la delincuencia organizada verdaderamente efectivo.

Pese a disponer de la cooperación integral del gobierno norteamericano, el otro adjetivo del libro que describe con precisión puntual a Falcone es “solo”. En toda su lucha percibimos cómo el hombre dispuesto a lanzarse contra estructuras criminales transnacionales es una excepción. No existe hombre, por valeroso que sea, capaz de derrotar solo estructuras delictivas tan grandes. Se necesita el acompañamiento del Estado entero; y esto en México no es posible, en tanto hemos visto que el Estado morenista se halla integralmente penetrado hasta los niveles más altos por el crimen organizado. Si los gobernadores morenistas son narcotraficantes, ¿cómo esperar ningún tipo de enfrentamiento con la delincuencia?

De todas maneras, si a usted le interesa el tema del combate internacional al narcotráfico, no deje de leer esta fascinante novela. Las truculencias ahí descritas dan cuenta de lo que nos espera.

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