Sin paz el pan es amargo.
Amado Nervo (1870-1919)
Durante el gobierno de José López Portillo tuve, como periodista, un par de pláticas extensas que desafortunadamente no se publicaron, ya que mucho de lo que ahí se dijo fue a título personal y a un estudiante —yo en aquel entonces— de la carrera de Derecho y reportero de Ovaciones.
Habrá tiempo para que platique sobre ese encuentro y lo que no me comprometí a mantener como “off the record”.
Le pregunté, en Los Pinos: ¿Y la corrupción, es ancestral? Su respuesta fue controversial. Es, dijo, una “herramienta” de quien es el jefe de una oficina gubernamental, para controlar a sus subalternos.
Le dije, extrañado: Los deja robar para después controlar su lealtad con la amenaza de meterlos a la cárcel si cometían errores graves…
Su respuesta fue al estilo Garganta Profunda en el caso Watergate: no negarlo verbalmente. Esto funcionó con políticos y altos burócratas. Simplemente los sacrificaban, los corrían o los mandaban a prisión.
Aquí te platico la historia de algunos funcionarios que han pisado la cárcel.
En total, casi 50 gobernadores han sido procesados penalmente desde Luis Echeverría. De ellos, siete continúan en la cárcel (o en prisión domiciliaria/hospitalaria), tres purgaron su condena completa y quedaron libres, y el resto enfrenta o enfrentó procesos bajo medidas cautelares en libertad, absoluciones o amparos.
Luego de la matanza de campesinos yaquis de San Ignacio Río Muerto en 1975 en Sonora, Echeverría destituyó a Carlos Armando Biebrich. En 1984 la SCJN lo exoneró por falta de pruebas.
López Portillo, en su “campaña de moralización”, encarceló al exsecretario de la SCT, Eugenio Méndez Docurro, por peculado y fraude; así como a Félix Barra, de Reforma Agraria, por extorsión y delitos oficiales.
Miguel de la Madrid mandó a prisión a Jorge Díaz Serrano, quien fue desaforado por el Congreso. Carlos Salinas y Felipe Calderón no metieron a la cárcel a nadie.
Vicente Fox encarceló a Mario Villanueva, gobernador de Quintana Roo.
Quien no tuvo piedad fue Enrique Peña Nieto. La mayoría de sus objetivos fueron priistas. Andrés Granier, exgobernador de Tabasco; Jesús Reyna, exgobernador interino de Michoacán; Luis Armando Reynoso Femat, exgobernador de Aguascalientes; Guillermo Padrés, exgobernador de Sonora; Javier Duarte, de Veracruz; Roberto Borge, de Quintana Roo; Eugenio Hernández, de Tamaulipas; y Rodrigo Medina, de Nuevo León.
Durante el sexenio pasado cruzaron las rejas opositores como Rosario Robles, de Sedatu; Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad federal; Emilio Lozoya, exdirector de Pemex; Roberto Sandoval, exgobernador de Nayarit; César Duarte, exgobernador de Chihuahua; Jaime Rodríguez Calderón, exgobernador de Nuevo León; y Jesús Murillo, exprocurador general de la República.
Así que no es pecado encarcelar a quienes se pasaron de la línea y traicionaron. Pero no son todos los que merecen cárcel. A políticos corruptos les deben aplicar la prisión preventiva oficiosa. No están todos los “corridos” en la lista, pero habrá tiempo de hablar de muchos más.
Poder
Coahuila pone al PRI en el carril de alta velocidad para 2027. PAN, MC y PVEM, en cambio, están en la antesala de perder el registro en esa entidad. A muchos no les gustará que el tricolor de Alejandro Moreno, Alito, gane con amplios márgenes, pero el pueblo sabio manda. Esto tiene muchas lecturas que van, obviamente, contra la narrativa oficial. Una de ellas es que funcionó la dupla Alito-Manolo Jiménez, gobernador coahuilense, y que el panorama para los comicios del año próximo no ofrece pan dulce para el oficialismo.

