Platiqué con Mónica Güicho, especialista en justicia con perspectiva de género y magistrada federal en retiro. Hoy la protección de la infancia ya no depende únicamente de lo que ocurre en las calles o en las escuelas. Una parte importante de esos riesgos se encuentra detrás de una pantalla, donde la tecnología también puede convertirse en un espacio para la violencia, la explotación y el reclutamiento de menores.
Para Güicho, el avance tecnológico ha traído enormes beneficios, pero también amenazas que no pueden seguir ignorándose. “La nueva era digital tiene muchísimas ventajas, pero también implica riesgos y ahí aparecen siempre los más vulnerables. Estamos hablando de nuestras niñas, niños y adolescentes que se están enfrentando a esta normalización del uso de sistemas”.
Advierte que el problema no se limita al tiempo que las infancias pasan frente a una pantalla. Detrás de muchas plataformas existen mecanismos diseñados para mantener cautivos a sus usuarios, particularmente a los más jóvenes.
“Estoy hablando de cómo están siendo construidos los sistemas digitales, las aplicaciones, las plataformas con un contenido adictivo y las compañías que los diseñaron sabían que ese era el propósito. Nuestro país tiene mucho por hacer”.
Como ejemplo, menciona las acciones legales emprendidas en otros países contra empresas tecnológicas por los efectos que estas plataformas han generado entre menores de edad.
“Hay una demanda colectiva que se presenta ante los tribunales acusando a las compañías por crear contenidos adictivos para las niñas, niños y adolescentes”, puntualiza.
Las consecuencias, explica, ya son visibles y van mucho más allá del uso excesivo de dispositivos electrónicos. “Estas adicciones han creado cansancio, aislamiento en las niñas, niños y adolescentes, falta de capacidades de aprendizaje en el centro escolar y, sobre todo, depresión”.
Llamado
Sin embargo, el riesgo no termina ahí, advierte, porque la vulnerabilidad digital puede convertirse en la puerta de entrada a delitos mucho más graves.
“Ya hablamos en su momento de estas repercusiones en la explotación infantil y cómo las niñas y los niños están siendo presa fácil del crimen, del crimen común, pero también de la delincuencia organizada”.
Frente a este escenario, sostiene que la respuesta no puede limitarse a recomendaciones aisladas. Se requiere una estrategia integral que combine legislación, prevención, educación y políticas públicas eficaces.
“La acción estatal debe ser eso: acción para la prevención y para la erradicación de estos problemas de violencia infantil que están creándose en esta atmósfera de la nueva era digital, que no está viendo protegidos ni el derecho del interés superior de las niñas, niños y adolescentes ni el derecho a los principios básicos elementales”.
La responsabilidad también alcanza a las familias. Mónica Güicho hace un llamado a madres, padres y personas cuidadoras para involucrarse activamente en la vida digital de sus hijas e hijos y no dejar la prevención únicamente en manos de la tecnología o de las autoridades. “Cuidar el tiempo de pantalla de nuestros niños, el consumo de dispositivos, el tiempo que nuestras niñas, niños y adolescentes le invierten a estos videojuegos y plataformas digitales”.
Para ella, proteger a la infancia exige actuar antes de que el daño ocurra. Fortalecer la prevención y asumir una responsabilidad compartida entre sociedad y Estado no es solo un reto jurídico, sino también una obligación ética. Porque garantizar el desarrollo seguro de niñas, niños y adolescentes también significa proteger el futuro de México.

