“LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA DE LAS MUJERES SIGUE TENIENDO OBSTÁCULOS”

Karolina Gilas
Columnas
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La participación de las mujeres en la política ha crecido de forma sostenida en las últimas décadas, impulsada por reformas como las cuotas y la paridad. Sin embargo, este avance convive con desigualdades persistentes, violencias y estructuras que aún limitan el ejercicio pleno del poder.

En entrevista, la politóloga y académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Karolina Gilas, analiza el panorama de la representación femenina.

—¿Cuál es la participación real de las mujeres en la política actualmente?

—Es un fenómeno complejo. Si vemos la presencia en cargos, ha habido avances importantes, especialmente en América Latina. Pasamos de alrededor de 11% en la década de 1990 a cerca de 37% en congresos nacionales. Incluso estamos a la par de países nórdicos. También hay más mujeres en el Poder Ejecutivo, como en México desde 2024, lo que implica romper un techo de cristal importante.

Sin embargo, alerta Gilas, “estos avances no son homogéneos: en el ámbito municipal la participación sigue rezagada y difícilmente supera 30%. Es decir, hay progresos, pero también claroscuros dependiendo del nivel de gobierno y del contexto”.

—¿Qué ocurre una vez que las mujeres llegan al poder?

—No basta con la presencia; importa cómo ejercen el poder y en qué condiciones. Muchas enfrentan violencia política incluso ya en el cargo. Estudios han señalado que hasta 80% de legisladoras han vivido algún tipo de violencia. Estas agresiones suelen intensificarse cuando impulsan agendas que incomodan a estructuras aún dominadas por hombres.

Además, dice, “se enfrentan a dinámicas internas de partidos y órganos legislativos que limitan su margen de acción, lo que hace que su presencia no siempre se traduzca automáticamente en cambios sustantivos”.

Estereotipos

—¿Existen otros obstáculos estructurales?

—Sí. Las instituciones fueron diseñadas históricamente por y para hombres. Aunque hoy hay más mujeres en espacios legislativos, los espacios de mayor poder —como comisiones estratégicas o juntas de coordinación política— siguen controlados mayoritariamente por hombres. Esto limita su capacidad de incidir, especialmente en decisiones relacionadas con presupuesto, seguridad o control político. A eso se suman barreras informales, como redes de poder masculinizadas que siguen operando dentro de las instituciones.

—¿Cómo influyen los estereotipos de género en el ejercicio del poder?

—Hay un doble estándar constante. A las mujeres se les exige más: deben demostrar resultados extraordinarios, mientras que a los hombres no se les cuestiona de la misma forma. Además, son juzgadas por su apariencia, su tono, su vida personal o sus decisiones familiares. También enfrentan críticas contradictorias: si son firmes, se les percibe como autoritarias; si son conciliadoras, como débiles. Estas narrativas afectan su legitimidad y condicionan su desempeño.

—¿Qué cambios se necesitan para avanzar hacia una mayor equidad?

—No basta con reformas políticas: se requieren transformaciones sociales profundas. La desigualdad y la violencia de género atraviesan todos los ámbitos. Es clave revalorar y redistribuir los cuidados, porque mientras sigan recayendo principalmente en las mujeres, su participación en la vida pública estará limitada. También se necesitan políticas públicas que promuevan igualdad desde la infancia y sistemas de cuidados más sólidos. Además, los medios de comunicación tienen un papel importante en dejar de reproducir estereotipos y en cómo se narran las trayectorias de las mujeres.

—¿Qué valor tiene hoy la presencia de mujeres en el poder?

—El hecho de que estén ya es positivo en sí mismo. No necesitan justificar su presencia. Son parte de la sociedad y tienen derecho a participar en la toma de decisiones. Además, la representación debe reflejar la diversidad de las mujeres, no una sola forma de ser o pensar. Sin embargo, su presencia no elimina por sí sola las desigualdades, y el reto sigue siendo transformar las condiciones en las que ejercen ese poder.

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