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Columnas
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Soy el único escritor que participa con su propio stand en las ferias de libros más importantes de México y del mundo: Guadalajara, Palacio de Minería, Monterrey, Fráncfort… Me dedico a publicar y promover mis propios libros desde hace 25 años y vivo de mi trabajo sin becas ni apoyos de empresas privadas ni gobiernos: son mis propios libros los que pagan mis stands, así que mis errores y aciertos editoriales los pago yo y no contribuyentes que ni siquiera saben que mis libros existen.

A pesar de ello, y desde hace años, no paso un día de los nueve que duran casi todas las ferias sin que aparezca por mis stands un espécimen con complejo de mesías a salvarme de la ignorancia, el fracaso, la decepción, la brutal realidad del mundo editorial que yo como mujer no puedo conocer; sin importar que la que está ahí parada soy yo y no ellos —al parecer siempre necesito instrucciones de cómo hacer mi trabajo.

Por eso, estimado lector, hoy comparto los tipos de señores que llegan a las ferias de libros con intenciones diversas porque, para ser sincera, no creo que lleguen con los encargados del stand de Sexto Piso o de Planeta a decirles cómo debieron instalar sus espacios.

1. El Influencer El que me dice que me conviene tomarme una foto con él porque me va a hacer promoción gratis en su Facebook (generalmente también quiere que le regale mi libro a cambio de la foto para sus 150 seguidores).

2. El Amigo El que me llega a contar que es un prominente empresario con tres ranchos y avión privado y me quiere invitar a cenar esa misma noche para ofrecerme su amistad desinteresada. Su propuesta de amistad prescribe al decirle que no puedo ir a cenar, pero con mucho gusto desayunamos cuando tenga una mañana libre de sus múltiples ocupaciones.

3. El Santo El que dice que ensucio la mente de las personas con mi contenido lleno de lujuria y perversidad (que, por cierto, no ha leído).

4. El Juez El que dice que no debería desperdiciar el talento que me dio Dios escribiendo libros de sexo.

5. El Padrecito El que me persigna para salvar mi alma de la perdición.

6. El Evangelizador El que me dice cómo deberíamos ser las mujeres porque el sexo no es de Dios sino del demonio (me pregunto cómo le habrán hecho sus padres para concebirlo).

Le asusta, pero le gusta

7. El Coach El que me quiere vender un curso para enseñarme a hacer el trabajo que ya hago.

8. El Jeff Bezos El que dice que tiene mucho dinero y compra un libro de 50 pesos.

9. El Avergonzado Al que le da vergüenza que lo vean mirando los libros del stand, pero los agarra todos. No le da vergüenza mirarme el escote descaradamente.

10. El Pancho Villa El que al tomarse la foto conmigo me agarra de la cintura y me aprieta hacia él como si fuéramos apasionados amantes.

11. El Crítico Literario El que me explica cómo se narra una escena con exquisitez erótica.

12. El Ana Bárbara Es ese al que la literatura erótica le asusta, pero le gusta.

13. El Comerciante Aturdido El director comercial de una editorial muy importante que me dijo que ellos no publicarían mis libros porque mis libros son muy comerciales (sic). (Nadie le preguntó, además).

14. El Scherezada El que llega a contarme, con pelos y detalles, sus aventuras sexuales con múltiples mujeres, poniendo énfasis en la fama de su lengua entre la población femenina de su colonia. (Logré ahuyentarlo, media hora después, y después de darme cuenta de que no tenía sentido seguir escuchándolo, cuando le pregunté con qué frecuencia se realiza exámenes de enfermedades de transmisión sexual.)

15. El Visionario El que me sugiere “ya no hacerle caso a tu publicista”, cuando yo soy mi propio publicista.

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