HEDONISTA
Vivimos una época de inercia, de velocidad enceguecedora, de superficialidad. Por eso cada vez se diluye más el erotismo.
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Vivimos una época de inercia, de velocidad enceguecedora, de superficialidad. Por eso cada vez se diluye más el erotismo.
Soy el único escritor que participa con su propio stand en las ferias de libros más importantes de México y del mundo: Guadalajara, Palacio de Minería, Monterrey, Fráncfort… Me dedico a publicar y promover mis propios libros desde hace 25 años y vivo de mi trabajo sin becas ni apoyos de empresas privadas ni gobiernos: son mis propios libros los que pagan mis stands, así que mis errores y aciertos editoriales los pago yo y no contribuyentes que ni siquiera saben que mis libros existen.
Dedicarse a escribir es aprender a convivir con la locura, los temores, la rabia, los milagros, el amor, el corazón roto, la desilusión, la esperanza, la cordura. Es volver de la demencia con la voluntad, para reescribir, intacta.
Los mentores son uno de los regalos más grandes de la vida. Esas personas que, voluntaria o involuntariamente, ya sea por una relación cercana o una enseñanza a distancia, las conozcas o jamás hayas cruzado una palabra con ellas, te dejan lecciones y aprendizajes que se convierten en herramientas para transitar los días con más sabiduría.
Empecé a escribir antes de saber escribir, calculo que a los cuatro o cinco años, frente al micrófono de una grabadora Sony de un casete con el superpoderoso botón de “record” que convertía mis ideas y pensamientos, pasados por la voz, en canciones. ¡Los fabulosos casetes!, esos dispositivos que, si bien de repente terminaban enredados en el mecanismo de los reproductores, eran generosos en la cantidad de grabaciones que podían soportar y con más de un intento de capturar una canción desde la radio, rezando para que el locutor no hablara a la mitad o antes de la nota final. Estábamos en 1984 o 1985.
¿Verdad que no parezco una mujer que esté preguntándose, a cada paso, todo esto para qué? No deja de ser asombroso.
Mi cuerpo se despide lento de la juventud. Mi cuerpo nada más, porque en mi mente sigo teniendo los 20 años de siempre… aunque con 26 de experiencia, claro.
“Lealtad y confianza de acuerdos previos”.
Escribir es adictivo. Escribir erotismo es más adictivo. Es vivir en el estado de excitación de la víspera del primer encontronazo sexo a sexo con un sujeto de deseo. Es acariciar las fantasías con las sensaciones suculentas de la cotidianidad. Escribir erotismo es pensar en tu mirada y ver cómo mis pupilas comienzan el proceso de ignición.
Amar. Amar nada más. Amar sin premisas, sin pliegos petitorios, sin cláusulas del contrato, sin inventario de agravios, sin repertorio de elogios, sin competencia de sufrimientos. Amar. Amar así, nada más. Amar sin sacrificios humanos ni inhumanos, sin culpas rancias ni frescas, sin complejo de mesías ni de demonio. Amar sin perspectivas de futuro, sin aprendizajes del pasado, sin prejuicios aprendidos, sin miedos descubiertos.