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16 mayo 2022
Sergio Pérezgrovas
Columnas

LOS MAYORES

“Lástima que en México festejemos a los profesores solo un día”.

Enseñar es dejar una huella en la vida de una persona.

El 15 de mayo de 1950, siendo Papa Pío XII, proclamaron a San Juan Bautista de la Salle como el patrono de los educadores.

Pío XII, el 260 representante de la Iglesia católica, estuvo en la silla papal desde el 2 de marzo de 1939 hasta su muerte en 1958 y se dice que tuvo fuertes nexos con Hitler.
En México, según la Gaceta de la UNAM, se festeja a los maestros desde 1918, aunque desde 1917 se empezó a discutir la instauración de este festejo, el cual ratificó el entonces presidente Venustiano Carranza de manera oficial el 3 de diciembre de 1917.
Primero se celebró en el entonces Distrito Federal y, al pasar los años, los demás estados se unieron a la efeméride.
Al parecer en Estados Unidos el 15 de mayo se conmemora el Día de los Caídos (¿habrá alguna relación con los maestros?).
Cabe mencionar que la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró en 1994 al 5 de octubre como el Día Mundial de los Docentes.
Lo curioso del caso es que el Papa eligió al 15 de mayo para darle reconocimiento a San Juan Bautista de La Salle: las malas lenguas afirman que el pederasta Marcial Maciel Degollado fue quien puso sobre la mesa el 15 de mayo en El Vaticano, ya que él acostumbraba celebrar ese día, como muchos mexicanos.
Aunque existen algunas excepciones lamentables, como el caso de Maciel, hay que reconocer que la labor del docente en todo el mundo es fundamental para el desarrollo de un país. Lástima que en México festejemos a los profesores solo un día y no les demos todo el apoyo que se merecen, porque son ellos quienes forman a los futuros ciudadanos.
Recuerdo con mucho cariño a dos de mis más grandes maestros: Carlos Mallar Ferrer y Federico de Zatarain, quienes me enseñaron el valor del sacrificio y el trabajo en equipo.
¡Feliz día del maestro!
El Prof
Tris, cuando niño, tuvo un maestro que dejó profunda huella en su vida. Eso hacen los grandes maestros. El Prof, como cariñosamente le decían sus alumnos, no daba matemáticas ni física: era su entrenador de gimnasia.

Lo primero que les enseñó fue a tomar distancia (sobre todo de los pendejos). Al final, Tris siempre recordaba al Prof porque, con un estilo dinámico, hacía que los niños desarrollaran habilidades motoras que más adelante le ayudarían a Tris en la vida profesional.

Cuando fue grande lo buscó por todas partes y no lo encontró. Pero al final lo que realmente importa es que Tris lo sigue recordando como su gran maestro y sobre todo como un ejemplo a seguir.
Su segundo maestro fue su padre, quien al igual que El Prof le enseñó más cosas que no aparecen en los libros.