Ciudad de México.- “Se ha dicho que en el Plan de San Luis, Madero convocó a la revolución. Falso. Madero convoca a las armas para echar a Porfirio Díaz y a sus colaboradores, de ninguna manera, en ningún momento del Plan de San Luis, dice vamos a las armas para reformar las estructuras socioeconómicas del país”, explicó el historiador Javier Garciadiego durante la la conferencia A 110 años del Plan de San Luis, transmitida como parte de programación del Festival Letras en Tepic.
“Si él hubiera reconocido que el Plan lo redactó en el extranjero, en San Antonio Texas, hubiera violado lo que se conoce como las leyes de neutralidad: tú no puedes preparar una revolución en contra de un país con el que se tienen relaciones diplomáticas, Estados Unidos hubiera visto con muy malos ojos que desde su territorio se organizara una revuelta en contra de un país con el que había relaciones”, explicó el académico.
Se trata de un documento en el cual Madero convocó al levantamiento de armas para derrocar a Porfirio Díaz y establecer elecciones democráticas con una fecha determinada, el 20 de noviembre de 1910, aceptada como la fecha oficial de inicio de la Revolución mexicana.
La preparación del personaje
“Madero fue un extraordinario opositor y un pésimo presidente del país. La prueba es que fue derrocado y muerto al año y medio de haber asumido la presidencia. Eso se llama fracaso. No es que esté denigrando la historia nacional, estoy diciendo la verdad histórica, lo único que me interesa”, destacó Javier Garciadiego durante la conferencia.
Francisco I. Madero estudió con los jesuitas en Saltillo, después se fue a Baltimore y, en París, cursó una carrera que entonces se llamaba Teneduría de libros, que era contabilidad, comercio: salió de Francia no sólo con esos estudios, sino con un cierto bagaje ideológico y político, trayendo su identificación con el espiritismo, pero también se enamoró de los gobiernos republicanos.”
De ahí la lucha de Madero por lograr las elecciones y sacar del poder a Porfirio Díaz, aunque antes tuvo fracasos que definieron su manera de entender la lucha, a decir del historiador; por ejemplo, se dio cuenta de que no debía ser un instrumento entre los conflictos de Reyistas y científicos, de Bernardo Reyes y Limantour: el mensaje en términos mitológicos es los seres humanos no intervienen en los pleitos en el Olimpo.
“La segunda lección: los conflictos regionales no tienen futuro, porque eran más fáciles de resolver por parte del gobierno central, lo que se requería era un conflicto de alcance nacional, que dificultara a Díaz su resolución. Madero se dio cuenta que era importante romper el aislamiento que tenía en San Pedro de las Colonias y, entre 1906 y 1909, se da intensa correspondencia con políticos de oposición, con periodistas de oposición: empieza a escribirles y a identificarse con ellos.”
Madero sale convencido de que, a pesar de sus fracasos, la única opción válida, lo que debe continuarse, es la oposición electoral; incluso, cuando hacia 1906, los Magonistas empiezan a llamar a las armas, esa actitud que condena abiertamente: “para él es muy claro que la única opción sigue siendo la lucha electoral, pero hay que prepararse para ello”.
“Adquirió libros en París, en Nueva York, de temática política y social. Tuvo una correspondencia con otros opositores de forma clara y así estuvo Madero entre 1906 y 1907, a principios de 1908 fue uno de los muchos mexicanos que quedó impactado con la entrevista que Díaz concedió al periodista estadunidense James Creelman.”
Una entrevista con la que Díaz quería dar una buena imagen ante Estados Unidos, a lo mejor estaba preparando un perfil admirable para los festejos del centenario. No se sabe mucho de las razones de aquellas declaraciones, reconoció Javier Garciadiego, lo importante fue su mensaje político cuando comentó que “México está listo para la democracia” o “No voy a participar en las elecciones de 1910.”
“Mandó este mensaje al pueblo de México y a la sociedad. También dijo que él veía con buenos ojos que los mexicanos se organizaran en partidos políticos y él garantizaba unas elecciones libres y pacíficas. Madero no creyó del todo la entrevista, pero quiso aprovecharla, la entendió como un salvoconducto: lo primero que hizo fue ponerse a escribir un libro, La sucesión presidencial en 1910.”
Cuando lo tuvo concluido se lo presentó a su padre y a su abuelo: para ambos, la publicación era incómoda, inoportuna, porque podía poner en entredicho la relación con Díaz, reconoció el colegiado, pero terminó por publicar el volumen, para lo cual ni siquiera necesitaba de apoyo, “Madero era inmensamente rico y no tenía por qué buscar una editorial.”
“El libro ha sido considerado una de las raíces de la Revolución mexicana y eso es absolutamente falso, no puede ser raíz de la Revolución mexicana un libro que condena a la violencia y tampoco fue leído por ningún otro revolucionario. Fue enviado a diputados, senadores, periodistas y a Porfirio Díaz. No lo condena del todo, no es un libro de oposición, sino de contador, inteligentemente escrito, en donde dice ‘el deber y el haber, entradas y salidas’.”
El libro fue importante porque hizo que Madero fuera conocido por otros políticos y periodistas, le dio una dimensión que trascendía su participación política, porque a final de cuentas “no era ingenuo para la política opositora, como sí lo sería dos años después para la política gubernamental.”
La conferencia A 110 años del Plan de San Luis se encuentra disponible en el Canal de YouTube: elcolegionacionalmx.

