Hubo una época en la que todo corresponsal, político o intelectual sajón o europeo que quisiera conocer México tenía que leer Vecinos distantes: Un retrato de los mexicanos, del periodista británico-brasileño Alan Riding y publicado en 1985 por Joaquín Mortiz.
Producto de una profunda investigación interpretada por un laborioso reportero conocedor de América Latina, el libro se ha mantenido vivo. Todavía en 2025 Editorial Planeta lanzó una reedición conmemorativa con un epílogo del propio autor.
En su momento el texto levantó ámpulas entre propios y extraños por afirmaciones del tipo: “México no es un país occidental, por su origen prehispánico”. La frase generó la molestia del entonces presidente Miguel de la Madrid, quien llegó a decir que el libro reflejaba una visión imperialista, colonial y arrogante.
“Una vez, mientras estaba en Brasil, le marqué al editor Joaquín Díez-Canedo para preguntarle cómo iba el libro; su respuesta fue: ‘Todo bien, no hay ninguna crítica positiva’. Debo reconocer que fue una sorpresa que tuviera tanto éxito en Estados Unidos y que después se convirtiera en libro de texto en algunas universidades, pero fue todavía más sorprendente que se vendiera tan bien en México”, me comentó en alguna ocasión el propio Riding.
Influyente e informado
La influencia en nuestro país del periodista fallecido el pasado 7 de junio fue tan amplia, que alrededor suyo circularon rumores y leyendas que van desde que el gobierno le había concedido permiso para portar un arma, hasta que por dar a conocer unas reuniones entre Julio Scherer y el gobierno de José López Portillo se cayó la posible restitución del periodista mexicano en el medio del que fue echado.
Riding fue un periodista de otra época y era parte de lo que se llamaba “la vieja guardia”. Conocía las fuentes y las trabajaba; era duro cuando era necesario; conocía la grilla y sabía el chisme político del momento; pero sobre todo era un hombre sensible y culto.
No es gratuito que sus últimos años los pasara en París, donde se dedicó a cubrir e investigar cuestiones relacionadas con la cultura. Escribió de ópera, Shakespeare, además de documentar la vida cultural francesa durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial.
A lo largo de su carrera obtuvo reconocimientos como el Premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia, otorgado a periodistas distinguidos por su cobertura de las Américas.
“México ha cambiado mi vida. He viajado y vivido en muchos países, pero en México tengo más amigos de corazón. De modo que es un país al que tengo muy cerca del palpite”, me dijo durante nuestro último encuentro, hace unos meses.
Pocos reporteros extranjeros han conocido de una manera tan profunda el ejercicio de la política mexicana como Alan Riding.

