Ciudad de México, México, 2 de junio. La arquitecta hidalguense Brenda Isabel Pérez desarrolló Utopías domésticas. Análisis y reconfiguraciones de los espacios creados por la estructura mexicana, investigación que dio origen a Habitario, una mesa de juego que invita a imaginar de forma colectiva otras formas de convivir.
Habitario, realizado con el apoyo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (Sistema Creación), en la vertiente Jóvenes Creadores, propone repensar el espacio doméstico desde la arquitectura, la teoría feminista y la literatura escrita por mujeres.
“Me concibo como una arquitecta, artista y activista hidalguense, trabajo alrededor de los espacios domésticos desde una perspectiva feminista crítica”, explica en entrevista la creadora, quien vincula su formación en arquitectura con la escritura, la divulgación y el trabajo editorial.
El proyecto tiene como premisa principal: ¿Cómo imaginar otros modos de habitar cuando las condiciones materiales, estructurales y de violencia parecen limitar?
Literatura y espacio
La reflexión nace del cruce entre arquitectura y literatura. “Es algo muy personal con los cuentos, porque me recuerdan mucho a las condiciones estructurales que en su mayoría están atravesadas por violencia de género y sexual, y precariedad. Todo eso es parte del paisaje, que de alguna manera me formó”, señala.
Utopías domésticas parte del análisis de cuatro cuentos escritos por autoras mexicanas –La sunamita, de Inés Arredondo; El huésped, de Amparo Dávila; El anillo, de Elena Garro, y El espanto del mundo nuevo, de Gabriela Damián Miravete– que sitúan “la casa” como escenario central de tensiones y violencias.
“Eran cuentos escritos y protagonizados por mujeres, en donde el espacio era como una atmósfera, un personaje, un símil, tal vez una metáfora de la autora“, aclara.
También, se basa en la tesis doctoral de la antropóloga y feminista Marcela Lagarde, quien desarrolló el concepto de “utopía” como un horizonte de transformación feminista. “Marcela Lagarde ve la utopía como acciones concretas para lograr la erradicación de la violencia”, señala Pérez.
De la investigación al juego
Dicho planteamiento se materializó en Habitario, una mesa de juego compuesta por piezas modulares de madera y cartas con fragmentos de los cuentos de su investigación y consignas de acción. “No existe competencia ni jerarquía entre participantes, es un juego donde no hay perdedores ni ganadores”, agrega.
Las y los participantes recorren fragmentos literarios mientras construyen espacios con cubos, prismas y piezas que se convierten en muros, jardines o habitaciones, según la imaginación.
“Una vez que yo coloco mi pieza en la mesa, ya es algo colectivo. Si alguien quiere destruir o abonar a la idea que se construyó, lo va a poder hacer según su voluntad. Van cambiando las formas según los turnos”, indica.
La arquitecta enfatiza que su generación enfrenta el reto más grande, que va más allá de solo señalar la violencia, sino proponer nuevas narrativas para enfrentarla. La imaginación adquiere así una dimensión política. “Creo que el principal problema para poder, como sociedad exigir y colectivizar es imaginar”.
La mesa fue diseñada a una altura accesible para infancias y se presenta sin barreras para que el público interactúe de manera directa. “En mi montaje quería demostrar que cualquier persona puede imaginar y construir. Quitarle esa parte solemne a la arquitectura, bajarla del pedestal”, afirma la artista.
El acompañamiento de sus tutores resultó decisivo para transformar la propuesta inicial de un libro de artista a una pieza lúdica y colectiva. El juego Habitario se activó por primera vez durante el encuentro de Jóvenes Creadores en el centro cultural de San Roque, en Puebla, en diciembre de 2025, y se mantuvo en exhibición hasta el 23 de marzo del presente año.
Con el proyecto, Brenda Isabel Pérez propone una relectura crítica del espacio doméstico y abre un territorio en el que arquitectura, literatura y juego convergen como herramientas para imaginar otras formas de habitar, lejos de la violencia y más cercanas a la colectividad.

