Ciudad de México, México, 20 de junio. Daniel Name explora las historias que sobreviven al desplazamiento a través de dos proyectos que retratan la herencia siria en México y la preservación de las tradiciones mexicanas en Estados Unidos.
Las fronteras pueden separar países, pero rara vez logran borrar las costumbres, los recuerdos y las historias que las personas llevan consigo. Esa idea es el corazón de la obra de Daniela Name, fotógrafa documental mexicana cuya producción artística gira en torno a la identidad, la migración y la transformación cultural.
A través de imágenes íntimas y profundamente humanas, la artista ha desarrollado una investigación visual sobre aquello que permanece cuando una comunidad se desplaza: los sabores heredados, las celebraciones compartidas, los vínculos familiares y las expresiones culturales que encuentran nuevas formas de existir lejos de su lugar de origen.
“La migración es un tema que me interesa porque forma parte de mi propia historia”, explica Name. “Yo crecí completamente en México, pero también rodeada de tradiciones que llegaron con mi familia desde Siria. Esa mezcla cultural siempre ha sido parte de quién soy”.
Esa búsqueda personal se refleja en Las Primas, una serie fotográfica dedicada a las mujeres de su familia materna, descendientes de inmigrantes sirios que se establecieron en México y que, con el paso de las décadas, han mantenido viva parte de su herencia cultural.
Las protagonistas del proyecto aparecen retratadas en las cocinas de sus hogares, espacios que para la fotógrafa representan mucho más que un lugar de trabajo cotidiano. Son escenarios donde se preservan recetas, memorias y costumbres transmitidas entre generaciones.
“Me llama mucho la atención cómo la comida se convierte en un vehículo para conservar la identidad cuando las tradiciones viajan”, comenta.
La serie también observa los roles que históricamente han asumido las mujeres dentro de estas familias y las expectativas que continúan acompañándolas. Mientras documentaba el proyecto, Name descubrió que muchas de sus familiares preparaban cuidadosamente cada detalle antes de ser fotografiadas, una acción que terminó revelando las exigencias culturales asociadas a la imagen femenina.
La exploración sobre pertenencia e identidad continuó cuando la artista se mudó a Nueva York para especializarse en fotografía documental. Ahí encontró una nueva historia que contar dentro de las comunidades mexicanas establecidas en Estados Unidos.
Durante 2024 y 2025 documentó grupos de danza tradicional que mantienen vigentes expresiones culturales provenientes de Morelos, Oaxaca, Jalisco y otras regiones del país. Ese trabajo dio origen a Colores Rotos, una serie que analiza la manera en que las tradiciones evolucionan al adaptarse a nuevos contextos sociales y culturales.
“Lo que me interesó fue observar cómo las costumbres permanecen, pero también cómo cambian cuando se desarrollan lejos de su lugar de origen”, señala.
Entre los protagonistas de la serie aparecen jóvenes nacidos en Estados Unidos, hijos de migrantes mexicanos, que participan activamente en bailes y celebraciones tradicionales aun cuando su vida cotidiana transcurre dentro de una cultura distinta.
“Muchos crecieron aquí, hablan inglés como primera lengua y tienen referencias culturales diferentes, pero siguen encontrando una conexión muy fuerte con las tradiciones de sus familias”, explica.
Para representar visualmente ese proceso de adaptación, Name incorpora técnicas experimentales que incluyen escaneos e intervenciones fotográficas. Las imágenes fragmentadas y transformadas funcionan como una metáfora de las identidades que se reconstruyen constantemente a partir de múltiples influencias.
Más que documentar comunidades específicas, la fotógrafa busca abrir una conversación sobre la forma en que las personas construyen sentido de pertenencia a través de la memoria colectiva.
“Me interesa entender qué cosas heredamos, cuáles aprendemos y cómo todo eso termina formando nuestra identidad”, afirma.
Con Las Primas y Colores Rotos, Daniela Name consolida una propuesta artística que encuentra en las historias migrantes un territorio fértil para reflexionar sobre la familia, la cultura y la permanencia. Su obra demuestra que las tradiciones no desaparecen cuando cruzan una frontera: se transforman, se adaptan y continúan escribiendo nuevas historias.

