Jordi Soler. Las armas de la ilusión. Alfaguara. 172 pp.
Quienes tenemos cierta edad conocimos a Jordi Soler (La Portuguesa, Veracruz, 1963) por su trabajo en radio. Primero en Rock 101 y más tarde en Radioactivo 98.5. Como directivo radial y locutor marcó diferencia por poner en el mismo renglón la música popular y la literatura. El tiempo lo llevó por territorios más cercanos a la palabra escrita que hablada. No obstante, para quienes lo descubrimos hará cosa de más de 30 años, siempre nos queda la nostalgia de cuando ponía la música que marcó un pedazo de nuestra juventud.
Hacía tiempo que Soler no regresaba a sus años en radio y a sus primeras aventuras como escritor y periodista. Buena parte de su trabajo como novelista se ha enfocado en contar el espacio donde creció, en su familia. Además, ha reflexionado sobre el exilio y recientemente narró el proceso que lo llevó a escribir una canción con Joan Manuel Serrat, en el libro testimonial Y uno se cree.
Hoy el narrador vuelve al sendero de la autobiografía y publica Las armas de la ilusión, título donde regresa a episodios que por una u otra razón tuvieron alguna resonancia social y en los que se vio involucrado.
El nombre de la obra es claro y no deja demasiado a la imaginación. Cada episodio refleja las distintas etapas por las que atraviesa una persona que sueña con que las cosas pueden cambiar.
Pálido reflejo
El primer y más amplio capítulo es significativo. Se centra en la época del zapatismo, cuando los jóvenes universitarios, en una comunión pocas veces vista con los roqueros mexicanos, organizaron conciertos para apoyar la causa indígena. En aquella época los guerrilleros tomaron la estación de radio y pusieron en jaque al medio. En respuesta a la coyuntura, Soler programaba cada noche Satellite of Love, de Lou Reed, como una especie de mantra.
Resulta simbólico que ese rito nocturno se interrumpiera cuando la política se interpuso y el locutor aceptó un puesto diplomático en la embajada de México en Irlanda. Era el sexenio de Vicente Fox.
Una polémica y estridente entrevista con el colombiano Fernando Vallejo, otro texto sobre su periodo en Irlanda dentro del cual se sumó a una orden que tiene a James Joyce como su santo patrón, y otro material más dedicado a Elena Poniatowska, dan forma a un volumen atravesado por el ideario intelectual de Jordi Soler.
Más allá de las anécdotas contadas, algunas muy buenas, en realidad estamos viendo a un escritor que se mira en el espejo… tal vez para observar qué se mantiene del joven que fue, ejercicio que no viene mal realizar de vez en cuando.
Otros títulos de Jordi Soler son Bocafloja, Los rojos de ultramar y Los hijos del volcán.
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