LA BIBLIOTECA DE MÉXICO: LEGADO VIVO EN EL CORAZÓN CITADINO

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Cultura
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La historia de la Biblioteca de México José Vasconcelos es también la de nuestro país: este recinto ha sido testigo de los sucesos mexicanos más importantes, entre los que destacan la Independencia y la conocida Decena Trágica. Incluso, el insurgente José María Morelos y Pavón fue prisionero en ese lugar, para después ser trasladado a San Cristóbal Ecatepec, donde lo fusilaron.

Su primer uso fue como la Real Fábrica de Tabacos de la Nueva España y posteriormente se transformó en depósito de municiones, fortaleza militar, hospicio, prisión, taller de artesanías y finalmente en un santuario para los libros, como lo conocemos ahora.

Ubicada en el edificio de La Ciudadela, la biblioteca continúa siendo uno de los espacios culturales más importantes de México. Ahí se encuentran incunables, bibliotecas personales de reconocidos intelectuales y salas que reciben diariamente a lectores de todas las edades.

Su inauguración oficial sucedió el 27 de noviembre de 1946 por parte del presidente Manuel Ávila Camacho, acompañado por el secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, y por José Vasconcelos, quien fungió como su primer director hasta su muerte en 1959. Desde 2019, el escritor e investigador José Mariano Leyva Pérez Gay funge como director de la institución.

Desde entonces la biblioteca ha crecido hasta convertirse en uno de los centros bibliográficos más importantes del país, pues resguarda cientos de miles de materiales documentales y ofrece servicios culturales para públicos diversos.

Además, el recinto ha sido intervenido y remodelado dos veces desde que es biblioteca. La primera en 1988, cuando gracias al Programa Nacional de Bibliotecas Públicas se amplió mediante una intervención arquitectónica a cargo de Abraham Zabludovsky.

Sobre la segunda remodelación, un trabajador de la Biblioteca cuenta que “en 2011 hubo una nueva remodelación de toda la biblioteca y a ese proyecto se le llamó La Ciudad de los Libros. Ahí están contempladas las bibliotecas personales que hoy forman parte del recorrido y del servicio al público”.

Entre estas colecciones destacan las bibliotecas de José Luis Martínez, Jaime García Terrés, Antonio Castro Leal, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis. A ellas se han sumado posteriormente otros acervos, como la biblioteca de Luis Garrido, y nuevas colecciones en proceso de catalogación.

La biblioteca también conserva la colección del arquitecto Zabludovsky. Algunos elementos de aquella intervención permanecen visibles en los patios interiores, como los característicos paraguas metálicos, que se han convertido en parte del paisaje arquitectónico del recinto.

Preservar la memoria

Sin embargo, el verdadero tesoro de la Biblioteca de México se encuentra detrás de puertas discretas y bajo estrictas medidas de conservación. Se trata del Fondo Reservado, uno de los acervos patrimoniales más importantes del país.

Ahí trabaja desde hace 25 años la bibliotecaria Odette Aída Colunga Meléndez, especialista en biblioteconomía y fondo antiguo. Su labor consiste en custodiar materiales únicos, algunos de ellos con más de cinco siglos de antigüedad.

“El Fondo Reservado aloja materiales que están fuera del mercado editorial, que son únicos y patrimoniales”, puntualiza.

Hoy este acervo reúne aproximadamente 78 mil unidades de información, integradas por libros, manuscritos, periódicos históricos, mapas y documentos provenientes de diversas colecciones adquiridas por la institución desde su fundación.

Entre las piezas más valiosas se encuentran cinco incunables, nombre que reciben los libros impresos durante los primeros años de la imprenta de tipos móviles inventada por Johannes Gutenberg. La palabra proviene del latín incunabula, que significa “en la cuna”, en referencia a la infancia de la tipografía. Los especialistas consideran incunables a todos los libros impresos entre 1450 y el 31 de diciembre de 1500.

Colunga explica que uno de los ejemplares más antiguos conservados en la biblioteca es un sermonario religioso en latín fechado en 1490. También se resguarda una edición doble de Los cinco libros de Séneca y los Proverbios de Séneca, impresos entre 1491 y 1495, así como La suma de confesiones, publicada en 1492 en español antiguo.

Estos libros poseen características muy distintas a las publicaciones modernas. Colunga apunta: “Carecen de portada, presentan escasas ilustraciones y fueron elaborados completamente de manera artesanal”. De esta manera, cada ejemplar representa un testimonio directo del nacimiento de la cultura impresa occidental.

La conservación de estos documentos constituye un desafío permanente. Muchos de los libros resguardados en el Fondo Reservado fueron elaborados con papel de lino o de trapo, materiales que explican en buena medida su extraordinaria resistencia al paso del tiempo. Sin embargo, preservar ejemplares con varios siglos de antigüedad exige técnicas especializadas y recursos constantes.

Dentro de la biblioteca opera un pequeño taller de restauración y encuadernación donde se utilizan materiales especializados como papel japonés, papel de arroz, adhesivos de conservación y contenedores libres de ácido.

“Si queremos conservar realmente nuestro patrimonio documental, necesitamos presupuesto”, señala Colunga. “Hay muchas cosas por hacer, pero siento que una de las más importantes es la digitalización completa para su conservación”.

En años recientes se realizaron importantes esfuerzos para digitalizar parte de los acervos históricos, permitiendo que numerosos materiales puedan consultarse en formato electrónico y reduciendo así el desgaste físico de los originales.

No obstante, es claro que aún queda un largo camino por recorrer para garantizar la preservación integral del patrimonio bibliográfico nacional.

Con más de 950 mil unidades de información (libros, periódicos, ilustraciones, medios electrónicos), la Biblioteca de México José Vasconcelos es un espacio vivo que todos debemos preservar y conocer. Su horario de servicio es de lunes a domingo de 8:30 a 19:30 horas.

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