Tokio, Japón, 27 de agosto. La artista japonesa Yayoi Kusama, que salpicó sus característicos lunares en pinturas, esculturas e instalaciones museísticas en todo el mundo, ha muerto, informó su estudio. Tenía 97 años.
Kusama murió el 14 de agosto en un hospital de Tokio, informó Yayoi Kusama Studio, sin precisar la causa de la muerte.
"Continuó pintando hasta sus últimos días, sin dejar nunca el pincel, y siguió explorando el amor eterno y el alma eterna", señaló el comunicado del estudio. "Llevaremos adelante los deseos de Kusama y, a través del arte, seguiremos llevando esperanza y fortaleza para el futuro a personas de todo el mundo".
Kusama, una de las artistas contemporáneas más respetadas de Japón, fue exhibida ampliamente en todo el mundo, incluido el Museo de Arte Moderno en Nueva York, el Museo Tamayo de la Ciudad de México y el Museo Ludwig en Alemania.
Los motivos repetitivos eran su sello, en diversas formas, que recordaban redes, remolinos o gusanos, pero la mayoría de las veces lunares, que danzaban orgullosos en sus lienzos, o como bolas brillantes o puntos de luz en sus instalaciones, con toda su vibrante gloria psicodélica.
"Los lunares son fabulosos", señaló Kusama en una entrevista de 2012 con la agencia The Associated Press con su característica peluca naranja tipo bob y un atuendo de lunares.
"Quiero crear mil pinturas, quizá dos mil pinturas, tantas como pueda dibujar", señaló con un tono infantil pero directo. "Seguiré pintando hasta que muera".
Persiguió su visión del arte durante toda una vida
Kusama insistía en que dibujaba tal como veía el mundo: cubierto de manchas, parte de las alucinaciones que decía tener desde la infancia. Entró y salió de instituciones psiquiátricas durante décadas, aunque su enfermedad no la frenó, ya que fue una de las primeras mujeres japonesas en ir a Nueva York para dedicarse a su arte, en 1957.
Aunque de voz suave y tímida en sus modales, Kusama siempre fue audaz sin tapujos al afirmar su visión punteada, no solo al mantenerse fiel al estilo durante décadas, sino también al hacerlo accesible para las masas.
En sus últimos años, cuando los tiempos alcanzaron a su arte, disfrutó de la fama. Firmó acuerdos con marcas de moda como Louis Vuitton, así como con otros productos con licencia como tazas de té, camisetas y llaveros con sus ilustraciones, incluidas réplicas de su imagen que se usaron en escaparates y otras acciones de mercadotecnia.
Christie's subastó su obra por 5.8 millones de dólares en 2008. Ella ganó en 2016 el premio más prestigioso que Japón otorga a sus artistas, la Orden de la Cultura.
Al recibir el galardón, les comentó a los reporteros que estaba más decidida que nunca a dedicarse a su arte, y subrayó que la sinceridad y la entrega que había demostrado en su vida personal eran partes cruciales de su legado artístico.
"Siento que queda poco en mi vida, pero ahora sigo luchando hasta la muerte por mi arte", dijo. "Estoy dando todo lo que tengo para que muchas personas sigan interesándose por mi arte, incluso después de que yo haya muerto".

