La exfutbolista conversa con Vértigo sobre su participación en uno de los capítulos más fascinantes de la historia del futbol: el Mundial femenil no oficial de 1970 y 1971.
La vida de Alicia Vargas, quien aprendió a jugar futbol con sus hermanos en las calles de su colonia, la Country Club Churubusco, cambió para siempre cuando a los 15 años asistió, acompañada de su familia, a un partido del equipo de sus amores: el Guadalajara.
“Ese día, luego de mucho insistirle al entrenador, entré a la cancha con la blusa que traía puesta, un short y unos tenis prestados que no eran de mi talla; y me puse a jugar”, cuenta al recordar sus inicios en el futbol de manera más profesional.
El resto es historia.
De México a Italia
—¿Cómo fue la transición de jugar en el Guadalajara a ir al Mundial femenil?
—La invitación llegó en marzo de 1970, tres meses después de que entré a la liga. Iban a hacer un selectivo entre los 16 equipos que existían para jugar, en julio. Del Guadalajara fuimos Martha García, Elvira Aracén y yo, pero en total fuimos como 100.
Añade que “entrenábamos de las tres de la tarde a las siete u ocho de la noche en el Club de Golf Chapultepec, saliendo de la escuela. Dos meses después sacaron la lista en donde seleccionaron a 16. Yo, que no conocía ni Xochimilco, me iba a Italia”.
—¿Lo esperaba?
—En ese momento no sabes si eres buena, mala o superbuena pero según mis compañeras yo era la más segura por el futbol que desplegaba. “Aquí nadie está segura”, les respondía. De hecho, no tenía gran interés en ir, tenía 16 años. Los únicos que creían en ti era tu familia, porque te conocen y viven contigo tu pasión; fuera de eso no había otra motivación. A mí lo que me importaba era jugar.
—¿Hubo críticas?
—La gente nos decía machorras, marimachas, prófugas del metate… Pero para nosotras todo eso era como por la señal de la santa cruz… No nos interesaba. Incluso Enrique Kiese, quien jugó en el América, ya como directivo, afirmó que el futbol no era para mujeres. Tampoco nos daba risa, solo no lo tomábamos en cuenta. Éramos muy chicas —la más joven tenía 13 años— y en ese momento no visualizábamos todo lo que estábamos por hacer y lo importante que fue. Lo que nos unía era el futbol.
Reinas de la cancha
—¿Cómo les fue en ese Mundial?
—Pese a no contar con apoyo, más que las petaquitas con el logo de canal 8 que nos mandó Enrique Borja estando ya en el aeropuerto, y unos uniformes de paño —unos pants, una playera con el escudo, una chamarra y unos tenis— que nos fuimos turnando para ver cuál nos quedaba mejor porque no eran de nuestra talla, quedamos en tercer lugar de entre seis selecciones: Alemania, Inglaterra, Dinamarca, Austria, Suiza y México.
Cuando vimos la constitución física de las contrarias nos asustamos; pero también dijimos: “¡No importa, no las vamos a cargar!”
El primer partido fue contra Austria y “la verdad no eran muy buenas. El marcador final quedó 9-0, de los cuales yo hice cuatro. Después fuimos contra Italia y perdimos 2-1. Ahí jugamos contra doce: once jugadoras y el árbitro, quien se puso a su favor. Nos fuimos hasta los golpes”.
El último fue contra las inglesas. “Iniciamos ganando bien fácil, hasta que nos empezamos a cansar. Nos hicieron un gol, luego el segundo, y si no hubiera sido por Yola, la portera, nos metían el tercero”.
—De ahí viene eso de la Pelé…
—Luego de la goliza que les metimos a las austriacas, donde metí cuatro tantos, se me acercó un periodista, para preguntarme por la Pelé. “Déjeme investigar”, le dije, y me fui con Elvira para indagar: ¡ahí me enteré de que era yo! Al principio no me gustaba. Qué podía yo tener en común con Pelé, que era un extraordinario futbolista, fuera de serie. Nunca supe cuál era la similitud que encontraron conmigo, él era centro delantero, yo media… Pero se me quedó.
México 1971
Luego de haber dominado el balón con gran destreza en Europa y ser recibidas en el aeropuerto al ritmo del mariachi por una multitud enardecida y orgullosa por poner a México en el podio, logro hasta ahora insuperable en la historia del futbol nacional, la Federación Internacional y Europea de Futbol Femenino y un organismo privado, al margen y ajeno a la FIFA, propusieron que nuestro país fuera la sede del segundo Mundial femenil.
Vargas, quien había decidido alejarse de sus compañeras, participó en el torneo de selección. “Hubo cosas en las que no estuve de acuerdo. Cuando regresamos les propuse que nos repartiéramos en los demás equipos, para subir el nivel, pero ellas no quisieron. Al final, las únicas seleccionadas, además de mí, fueron Eréndira Rangel y Lourdes de la Rosa”.
—¿Cómo te recibieron?
—Yo entré faltando ocho días. Sabía que iba de banca, pero nunca imaginé que me lo fueran a aplicar. El primer partido, contra Argentina, no jugué ni cinco minutos. Mi tía, quien estaba en las gradas, me gritaba: ‘Ya diles que te metan’. Y yo, calladita.
Al final, “la prensa se le fue encima al entrenador, Víctor Manuel Meléndez, alegando que por qué no me había metido si yo era la mejor jugadora. ‘Es el arma secreta para el próximo partido’, les dijo. Cuando me preguntaron yo les dije que si lo decía era por algo… Si decía lo contrario, ¡menos iba a jugar! Luego de eso, no supe qué era la banca”.
—¿Qué fue distinto en este Mundial?
—El morbo siguió, que si realmente jugabas, que si tenías piernas bonitas, que si la matabas de pecho… Pero lo que también hubo fue un apoyo incondicional. A cada partido llegaban 70 u 80 mil aficionados. En la final tuvimos récord Guinness de 110 mil asistentes. Las escaleras eran usadas como gradas. Recuerdo el estruendo al entrar al Azteca: era como un enjambre de abejas. Y pese a haber perdido la final, el público no se movió de su lugar hasta que nos metimos. No sé si estaban llorando, como nosotras, pero ahí se quedaron.
—¿Qué pasó en ese fatídico partido?
—Veníamos de jugar contra Italia y quedamos 2-1. Nos afectó salir tan peleadas con ellas —otra vez nos fuimos a los golpes—. Además, una semana antes de la final se difundió un rumor de que estábamos pidiendo dos millones de pesos, como protesta por la falta de apoyo, para salir a jugar. Nos decían que cómo pedíamos eso si éramos amateurs. “Si somos amateurs, ¿por qué cobran la entrada al estadio?”, les respondía.
La Pelé Vargas agrega que “nunca supimos quién expandió ese rumor, pero el ánimo decayó. El colmo fue que un día antes del juego el entrenador nos hizo algunas modificaciones. Yo tenía que entrar de medio central, y no lo practicamos, faltó coordinación. Tuvimos que haber jugado al pie, no levantar el balón, mucho menos correr al paso de ellas, que eran más altas, más robustas… europeas totalmente. Hicimos todo lo contrario. Ese día jugamos para el olvido, nadie se escapó, perdimos 3-0”.
Reconocimiento tardío
—Lo que vino después se sintió como un gran silencio…
—Hubo un rezago. Todavía en el 91 me tocó ir al premundial —ahora sí reconocido por la FIFA—. Yo pensé que las cosas habrían cambiado y cuando llegué me di cuenta de que no teníamos un campo, balones, ni nada. Íbamos directito al fracaso, y así fue. Ni siquiera clasificamos. Ahora hemos tenido un poco de reconocimiento, tarde, pero nada más.
Acaba de venir Infantino, el de la FIFA, a inaugurar una exposición; y al enterarse de quiénes éramos y lo que habíamos hecho, dijo que iba a reconocer de manera formal ese Mundial, pero está por verse.
—¿Cómo ves la Liga MX femenil?
—La sigo desde sus inicios. Empezó hace como nueve años, en Toluca. No empezaron con los 18 equipos, pero es algo. Creo que Mariana Gutiérrez, la presidenta de la Liga MX, está haciendo un buen trabajo. Ha crecido mucho y les ha ido bien. Ojalá que pronto puedan competir al tú por tú con quien sea.
—¿Qué se siente haber sido precursora del futbol femenil en México?
—A nosotras nos tocó padecer mucho, así que ha sido una alegría abrir esa brecha para las nuevas generaciones. A cualquiera nos hubiese gustado, en su momento, estar como ellas, ganando, ser profesionales y vivir de eso.
Alicia Vargas reconoce, para concluir, que “todavía hay trabajo por delante, siguen ganando menos que la liga varonil, por ejemplo. Sin embargo, al menos ya tienen ciertas cosas que nosotras no tuvimos. Pero eso fue lo que nos tocó…”

