Ciudad de México, 25 de junio de 2026. "A lo largo de los últimos 25 años hemos visto cómo distintas tecnologías transforman la manera de operar de las empresas. La inteligencia artificial es distinta porque no sólo cambia procesos, sino que comienza a participar en decisiones", afirmó Enrique Camacho, destacado experto en innovación digital.
Camacho apuntó que las organizaciones enfrentan el nuevo desafío que es la adopción de la IA, la cual está avanzando más rápido que la capacidad de las empresas para establecer reglas claras sobre su uso.
La preocupación no es menor, diversos estudios sobre adopción tecnológica muestran que dos de cada tres empleados utilizan herramientas de inteligencia artificial fuera de los canales autorizados por sus organizaciones.
Para Camacho, este fenómeno refleja una realidad que muchas empresas todavía no terminan de reconocer, la IA ya forma parte de la operación cotidiana, independientemente de si existe o no una política formal para utilizarla.
"La pregunta ya no es si una empresa utilizará inteligencia artificial. La pregunta es quién responderá cuando una decisión apoyada por IA tenga consecuencias para el negocio", señaló el fundador y CEO de eSource Capital Group, una firma con presencia internacional que impulsa la adopción de tecnologías disruptivas para mejorar la productividad empresarial.
Explicó que la inteligencia artificial ya interviene en actividades que antes dependían exclusivamente del criterio humano, desde la evaluación de candidatos y el análisis de contratos hasta la atención a clientes, la elaboración de reportes financieros y la generación de recomendaciones para la toma de decisiones.
A diferencia del software tradicional, la IA introduce una característica inédita para muchas organizaciones. Mientras los sistemas convencionales producen el mismo resultado cada vez que reciben la misma instrucción, los modelos de inteligencia artificial trabajan con probabilidades, interpretan contextos y pueden generar respuestas distintas ante una misma consulta.
"Durante años las empresas operaron con herramientas diseñadas para ejecutar instrucciones específicas y generar resultados predecibles. La inteligencia artificial rompe con esa lógica. Puede ofrecer distintas alternativas ante una misma situación y eso obliga a replantear cómo se supervisan las decisiones y quién asume la responsabilidad sobre ellas", añadió.
Camacho, quien ha participado como invitado en encuentros internacionales como el World Economic Forum en Davos, la Conferencia de las Américas en Miami y la Conferencia de Promoción Internacional de la ONU en Suiza, agrega que el verdadero desafío ya no es tecnológico porque la mayoría de las organizaciones puede acceder hoy a herramientas similares. La diferencia estará en la capacidad de establecer reglas claras para utilizarlas, supervisarlas y aprovecharlas sin comprometer la operación del negocio.
De la adopción a la gobernanza
Para Camacho, la discusión sobre inteligencia artificial está entrando a una nueva etapa de madurez empresarial. Durante años, las organizaciones se enfocaron en evaluar herramientas, casos de uso y ganancias de productividad. Ahora la conversación comienza a desplazarse hacia la supervisión, la responsabilidad y el gobierno corporativo.
"A lo largo de la historia reciente hemos visto el mismo patrón con distintas tecnologías. Nacen, evolucionan, maduran y eventualmente son sustituidas por nuevas generaciones. Lo que cambia en cada etapa son las preguntas que las empresas necesitan responder", explicó. "Hoy la conversación ya no gira alrededor de si la inteligencia artificial funciona, sino de cómo debe incorporarse a los procesos de negocio y bajo qué reglas operará dentro de las organizaciones."
De acuerdo con el directivo, la discusión está llegando cada vez con más frecuencia a direcciones generales, áreas jurídicas, recursos humanos y consejos de administración. La razón es simple, la inteligencia artificial comienza a influir en procesos con consecuencias operativas, financieras, reputacionales e incluso regulatorias.
El impacto también alcanza la relación con colaboradores, proveedores y clientes. A medida que estas herramientas participan en más actividades empresariales, las compañías empiezan a cuestionar qué decisiones pueden delegarse, cuáles requieren supervisión humana y cómo deben documentarse los procesos para garantizar transparencia y rendición de cuentas.
"Estamos entrando en una etapa donde las empresas tendrán que definir nuevas reglas de convivencia entre personas y sistemas inteligentes. No se trata únicamente de implementar tecnología; se trata de establecer cómo se toman decisiones, cómo se supervisan y cómo se responde cuando algo sale mal", concluyó.

