Guadalajara, Jalisco, 26 de junio. Con fútbol y cultura: así se resolvieron siete años de tensiones y altibajos entre México y España.
Sus selecciones nacionales no se han enfrentado en esta Copa del Mundo y está complicado que se crucen, pero este Mundial —en concreto el partido España-Uruguay de este viernes en Guadalajara— fue la excusa para que el rey Felipe VI viajara a México, conversara durante una hora con la presidenta Claudia Sheinbaum y se dieran por cerradas las discrepancias arrastradas desde 2019 debido a la exigencia mexicana de que el monarca pidiera perdón por la Conquista.
"Felipe, gracias por venir", decía Miguel Campos, un empleado de banca español de 41 años que visitaba México por primera vez para asistir al partido y consideraba la polémica "más politiqueo y hacer ruido mediático que lo que siente la gente".
"No hay odio a España y creo que los mexicanos y los españoles medio primos-hermanos somos", explicó paseando envuelto en una bandera española.
"Fue una falta de comunicación porque (la unidad entre) mexicanos y españoles es parte de nosotros", aseguró, por su parte, Sergío Astorga, un camarero mexicano, y acotó que después de su selección, está la Roja.
La disculpa pública, que generó crispados debates en ambos países, nunca ocurrió. Pero el monarca reconoció en marzo abusos y "controversias morales y éticas" durante la conquista de México en una exposición mexicana en Madrid sobre mujeres indígenas. Dos días después, se confirmó que había una invitación de Sheinbaum para venir al Mundial.
Los esfuerzos diplomáticos de ambos gobiernos habían triunfado. No hubieran sido posibles, reconoció el viernes Sheinbaum, sin esas palabras del rey.
La mexicana necesitaba esas declaraciones por "un asunto de dignidad" para el pueblo de México, dijo. También buscaba ser coherente con la postura de su predecesor y mentor, el expresidente Andrés Manuel López Obrador, y con ella misma. Él fue quien envió la carta al rey exigiéndole disculpas y en 2022 puso las relaciones en una " pausa " que nunca explicó; ella no invitó a Felipe VI a su investidura en 2024.
Superar los desencuentros también era necesario por pragmatismo: para reforzar los ya importantes vínculos comerciales, culturales y sociales bilaterales, en un momento geopolítico y económico complicado.
La sintonía entre ambos gobiernos se demostró con la visita de Sheinbaum a una reunión de líderes progresistas en Barcelona donde se mandó un mensaje de unidad frente a las políticas de la administración de Donald Trump.
Felipe VI y Sheinbaum hablaron el jueves de comercio, de economía, "de la situación del mundo, de cómo es importante reconocer la Carta de las Naciones Unidas", dijo la mexicana en su conferencia matutina, puntualizando que este último tema fue planteado por el rey, "una persona muy sencilla".
"La visita tiene lugar en un contexto de intensificación de las relaciones bilaterales", dijo escuetamente la Casa Real en un comunicado antes de que el Rey se reuniera con representantes de la comunidad española en Guadalajara.
El poder diplomático del fútbol ha sido utilizado por los gobiernos desde hace décadas, aunque también es terreno de contradicciones. Este Mundial, organizado en los tres países de Norteamérica como símbolo de unidad, se da en un momento tenso entre Estados Unidos, México y Canadá debido a la política unilateral, proteccionista y antiinmigración de Trump.
Felipe VI no ha sido el único miembro de la realeza en venir a México durante el Mundial. La princesa Hisako de Takamado de Japón también aprovechó el evento para visitar Monterrey, donde el domingo pasado Japón goleó a Túnez 4 a 0 en el partido número 1.000 de la historia de la Copa del Mundo.
Y los reyes Guillermo Alejandro y Máxima de los Países Bajos estuvieron en Houston animando a la selección holandesa contra Suecia y después en Kansas City apoyando a Curazao, nación integrante de los Países Bajos que hacía historia al participar por primera vez en una Copa del Mundo.

