En medio de la tragedia, nuestras Fuerzas Armadas son reconocidas en Venezuela por su apoyo humanitario y experiencia en labores de emergencia, rescate y atención médica.
Cuando los edificios comenzaron a derrumbarse y el polvo cubrió las calles de La Guaira, miles de venezolanos comprendieron que su país enfrentaba una de las peores tragedias de su historia reciente.
Horas después, mientras continuaban las labores para rescatar sobrevivientes, otro operativo comenzaba a organizarse a más de cinco mil kilómetros de distancia. En México, soldados, marinos, médicos y rescatistas preparaban una misión humanitaria que volvería a demostrar por qué nuestro país es considerado uno de los mayores referentes mundiales en atención a desastres.
Y es que los terremotos consecutivos de 7.2 y 7.5 grados en la escala de Richter registrados el 24 de junio en Venezuela no solo derribaron edificios y carreteras: también fracturaron miles de historias familiares. Niños quedaron huérfanos, adultos mayores perdieron a sus seres queridos y comunidades enteras quedaron reducidas a escombros. De acuerdo con las cifras oficiales —al cierre de la edición—, el número de fallecidos asciende a tres mil 899 personas, además de 16 mil 470 heridos y más de 17 mil 907 personas que perdieron su vivienda.
Sin embargo, en medio del dolor y la incertidumbre apareció una imagen familiar para millones de latinoamericanos: la de soldados, marinos, médicos, rescatistas y perros de búsqueda mexicanos trabajando entre ruinas para salvar vidas.
México volvió a demostrar que la solidaridad no reconoce fronteras.
La respuesta humanitaria del Gobierno de México, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, movilizó recursos, personal especializado y toneladas de ayuda para apoyar a un país hermano que enfrenta una de las peores catástrofes naturales de su historia reciente.
“Nuestra nación es solidaria con los pueblos hermanos en momentos difíciles”, expresó la mandataria al informar sobre el despliegue de apoyo hacia Venezuela.
Las palabras de la presidenta reflejan una convicción construida a partir de la propia experiencia mexicana frente a los desastres naturales.
México conoce el dolor de los terremotos. Lo vivió en 1985, cuando un sismo devastó amplias zonas de la Ciudad de México y dejó miles de víctimas. Lo volvió a sufrir en 2017, cuando la tierra sacudió nuevamente al país y despertó una impresionante movilización ciudadana.
Aquellas tragedias dejaron cicatrices profundas pero también enseñanzas. De ellas surgieron protocolos de Protección Civil, sistemas de respuesta inmediata y una cultura de solidaridad reconocida internacionalmente.
Hoy ese aprendizaje se transforma en ayuda humanitaria para Venezuela y los encargados de su ejecución son los titulares de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa), general Ricardo Trevilla Trejo, y de la Secretaría de Marina (Semar), almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles.
México entra en acción
La operación mexicana comenzó con el envío de tres aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana. Dos Boeing 737-800 trasladaron a 250 especialistas, entre médicos, enfermeros, camilleros, rescatistas y personal de apoyo. Junto a ellos viajaron 18 binomios caninos altamente entrenados para la localización de personas atrapadas.
Un tercer avión, un C-130 Hércules, transportó medicamentos, equipo médico y material para rescate y salvamento.
En total, durante los primeros días se enviaron más de 43 toneladas de ayuda humanitaria, indicó la Defensa.
Los equipos mexicanos se incorporaron rápidamente a las labores de búsqueda, remoción de escombros y atención de emergencia.
Hasta ahora han participado en miles de acciones de asistencia, otorgando más de mil 400 consultas médicas y distribuyendo más de 13 toneladas de medicamentos.
La ayuda no se limitó a la atención inmediata.
El Gobierno de México también envió ocho plantas de energía de emergencia equipadas con sistemas de iluminación y paneles solares para abastecer zonas afectadas por apagones y daños a la infraestructura eléctrica.
Posteriormente, la solidaridad mexicana volvió a tomar rumbo hacia Sudamérica.
El 6 de julio zarparon desde Veracruz los buques de la Armada de México ARM Isla Holbox (BAL-02) y ARM Huasteco (AMP-01) con aproximadamente dos mil tres metros cúbicos de ayuda humanitaria.
Se enviaron cerca de 388 toneladas de víveres, agua embotellada, artículos de higiene personal, medicamentos e insumos médicos.
Además se enviaron cuatro plantas potabilizadoras capaces de producir mil litros de agua purificada por hora, una herramienta fundamental para evitar brotes epidemiológicos en comunidades afectadas.
La operación marítima representa uno de los mayores esfuerzos humanitarios desplegados por México en América Latina durante los últimos años.
Detrás de cada caja de alimentos, cada medicamento y cada litro de agua existe una compleja cadena logística coordinada por la Defensa, la Semar, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), y con la participación de organizaciones civiles, fundaciones y ciudadanos que acudieron a los centros de acopio.
Más de 100 elementos navales participan en las tareas de embarque, traslado y distribución de la ayuda.

Ayuda
La tragedia venezolana no solo movilizó a los equipos de rescate y a los gobiernos de la región. Conforme se conocía la magnitud del desastre, comenzaron a multiplicarse las expresiones de apoyo de organismos internacionales, líderes políticos, representantes religiosos y personalidades públicas. Los mensajes de solidaridad llegaron desde distintos puntos del mundo y estuvieron acompañados por el envío de ayuda humanitaria, equipos de rescate y llamados a respaldar a una población que enfrenta uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.
El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, lamentó, a través de su portavoz Stéphane Dujarric, la pérdida de vidas y la destrucción ocasionadas por los terremotos, al tiempo que expresó sus condolencias y solidaridad con el pueblo venezolano.
El Papa León XIV también recordó a las víctimas durante el rezo del Ángelus dominical y aseguró que mantiene en sus oraciones al pueblo venezolano. “Que el Señor lo sostenga en este momento tan difícil”, expresó el pontífice.
La líder opositora venezolana María Corina Machado hizo un llamado a la unidad nacional y a la solidaridad con las familias afectadas. “Mis oraciones están con cada hogar venezolano en estas horas de angustia”, escribió en sus redes sociales.
Desde Centroamérica, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, anunció el envío de un contingente de 300 rescatistas y paramédicos, acompañado de 50 toneladas de equipo humanitario. “El corazón del pueblo salvadoreño está con el pueblo de Venezuela. Les enviamos toda nuestra solidaridad y nuestras oraciones”, manifestó.
Las expresiones de apoyo también llegaron desde el sector empresarial. Ricardo Salinas Pliego, presidente y fundador de Grupo Salinas (GS), recordó la experiencia de México tras el terremoto de 1985 y afirmó que existen tragedias que transforman para siempre a una nación. En un mensaje difundido en redes sociales expresó su solidaridad con el pueblo venezolano y destacó que ningún país debería renunciar a su futuro a causa de una catástrofe.

La reconstrucción: un desafío de años
Con el paso de los días, la prioridad dejó de ser únicamente encontrar sobrevivientes.
Ahora comienza una etapa mucho más prolongada y compleja: reconstruir comunidades enteras.
Miles de familias permanecen en refugios temporales después de perder sus viviendas. Hospitales, escuelas, carreteras, sistemas de agua potable y redes eléctricas deberán ser rehabilitados antes de que la vida cotidiana pueda restablecerse.
Especialistas coinciden en que la reconstrucción de un desastre de esta magnitud puede extenderse durante varios años y requerirá inversiones multimillonarias, además del respaldo permanente de la comunidad internacional.
A ello se suma un desafío menos visible pero igualmente importante: la recuperación emocional.
Niñas y niños que perdieron a sus padres, familias separadas, personas que permanecen desaparecidas y comunidades enteras marcadas por el duelo necesitarán atención sicológica durante mucho tiempo.
La reconstrucción no consiste únicamente en levantar edificios: también implica reconstruir vidas.
La otra tragedia
Pero la desventura venezolana también ha abierto un debate incómodo.
Mientras los equipos de rescate continúan trabajando, especialistas internacionales han comenzado a analizar por qué tantas edificaciones colapsaron.
Diversos expertos consultados por medios internacionales consideran que la magnitud de los daños no puede explicarse únicamente por la intensidad de los sismos.
Matthew Blackett, profesor asociado de Riesgos Naturales de la Universidad de Coventry, ha señalado que décadas de crisis económica, corrupción y deficiente mantenimiento habrían incrementado considerablemente la vulnerabilidad de numerosas construcciones venezolanas.
Venezuela figura entre los países con peores evaluaciones en los índices internacionales de percepción de corrupción.
Según especialistas, muchos edificios fueron construidos durante los grandes auges petroleros de las décadas de 1950, 1960 y 1970, mientras que otros proyectos de vivienda social levantados en años recientes habrían presentado cuestionamientos relacionados con calidad constructiva, supervisión y cumplimiento de normas técnicas.
Las sospechas son particularmente fuertes sobre algunos complejos habitacionales vinculados a la denominada Gran Misión Vivienda Venezuela, uno de los programas emblemáticos impulsados durante el gobierno de Hugo Chávez.
Diversas organizaciones civiles habían advertido desde hace años sobre problemas estructurales, falta de estudios adecuados de suelo y deficiencias en los procesos de construcción.
Hoy varios de esos edificios se encuentran entre las estructuras más dañadas.
Expertos también subrayan que numerosas edificaciones nunca fueron adaptadas a normas antisísmicas modernas, a diferencia de lo ocurrido en ciudades como San Francisco, donde después de grandes terremotos se implementaron programas masivos de reforzamiento estructural.
La naturaleza puso a prueba la infraestructura venezolana y dejó al descubierto problemas acumulados durante décadas.
Embajadores de México
Mientras los especialistas intentan determinar cuánto del desastre fue consecuencia de la naturaleza y cuánto de décadas de deficiencias estructurales, otra historia comenzó a escribirse entre los escombros: la de la solidaridad internacional.

Entre ellos destaca México.
La imagen de marinos descargando toneladas de víveres, médicos atendiendo pacientes en condiciones adversas y binomios caninos buscando sobrevivientes entre montañas de concreto recuerda que las Fuerzas Armadas mexicanas cumplen una misión que va mucho más allá de la defensa nacional.
Son también un instrumento de ayuda humanitaria, de fraternidad internacional y de solidaridad con quienes enfrentan la adversidad.
Porque cuando la tragedia golpea a un pueblo hermano, la distancia deja de medirse en kilómetros.
Se mide en la rapidez con la que llegan los primeros rescatistas, en el agua que calma la sed de una comunidad devastada, en los médicos que atienden a quienes lo perdieron todo y en las manos que levantan un muro derrumbado.
En Venezuela, esa solidaridad habló con acento mexicano.
Llegó en aviones y buques de la Armada, con soldados y marinos, médicos y binomios caninos.
Llegó con la experiencia de un país que aprendió del dolor de 1985 y 2017 para convertir esa memoria en ayuda.
Porque hay tragedias que destruyen ciudades y hay solidaridades que unen naciones y hoy esta unión la ponen en práctica nuestras Fuerzas Armadas, encabezadas por los secretarios de la Defensa y la Semar, Ricardo Trevilla Trejo y Raymundo Pedro Morales Ángeles.
Cronología de la emergencia
Día 1 El 24 de junio dos fuertes terremotos sacuden el norte de Venezuela. Se activa la alerta nacional.
Primeras 72 horas Operativos intensivos de búsqueda y rescate. Llegan brigadas nacionales e internacionales.
Primera semana Instalación de albergues temporales. Distribución de ayuda humanitaria.
Segunda semana Comienza la evaluación estructural. Inicia la fase de reconstrucción.
Fuente: Servicios nacionales de Protección Civil de Venezuela
Ricardo Salinas Pliego: un mensaje de esperanza
Las grandes tragedias también despiertan gestos de solidaridad. Tras los terremotos que golpearon a Venezuela, el empresario Ricardo Salinas Pliego compartió un mensaje de apoyo a las familias afectadas y recordó que México conoce el dolor, pero también la fortaleza que surge cuando un pueblo enfrenta la adversidad.
Este fue su mensaje: “Hay momentos en los que la historia deja de sentirse distante… y se vuelve inmediata. Hoy, Venezuela atraviesa uno de esos episodios que marcan a toda una generación. Desde mis @ColeccionesRSP, expreso respeto, solidaridad y acompañamiento al pueblo venezolano, que sigue defendiendo su dignidad, su libertad y su derecho a decidir su propio rumbo. En México sabemos que hay dolores que transforman a un país. Lo vivimos tras el terremoto de 1985, cuando la adversidad puso a prueba todo, pero también reveló la fuerza de su gente. Porque, más allá de cualquier circunstancia, hay una verdad que permanece: ningún pueblo debería verse obligado a renunciar a su futuro. Mi solidaridad con quienes, incluso en la adversidad, se mantienen firmes en la defensa de su libertad”.
Fuente: Red social X
Cooperación global
La labor del Ejército Mexicano, junto con la de elementos de la Fuerza Aérea Mexicana y la Guardia Nacional (GN), fue reconocida por el gobierno de Venezuela tras su participación en las operaciones de búsqueda y rescate derivadas de los terremotos del 24 de junio.
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, entregó la Medalla Héroes de Venezuela a los rescatistas mexicanos por su destacada contribución para salvar vidas.
El contingente internacional logró rescatar a seis mil 462 personas, entre ellas, 14 localizadas con vida bajo los escombros.
Como símbolo de cooperación, Venezuela entregó tres perros para su adiestramiento con especialistas mexicanos en búsqueda y rescate, fortaleciendo la colaboración entre ambas naciones.
Solidaridad que cruza el mar
Los buques mexicanos
ARM Isla Holbox (BAL-02) transportó aproximadamente 276.4 toneladas de ayuda humanitaria que incluyen:
- Agua embotellada.
- Medicamentos.
- Insumos médicos.
- Víveres.
- Artículos de higiene.
- Cuatro plantas potabilizadoras con capacidad de mil litros de agua por hora cada una.
ARM Huasteco (AMP-01) transportó aproximadamente 111.9 toneladas de ayuda humanitaria que incluyen:
- Alimentos.
- Agua.
- Artículos de aseo.
- Medicamentos.
Total enviado por vía marítima: 388 toneladas de ayuda humanitaria.
Fuentes: Semar y SRE
El colapso de edificios en Venezuela
Lo que señalan los especialistas
- Construcciones levantadas entre las décadas de 1950, 1960 y 1970.
- Mantenimiento insuficiente durante décadas.
- Escasa adaptación a normas antisísmicas modernas.
- Posibles deficiencias en materiales y supervisión.
- Corrupción e irregularidades en proyectos públicos.
- Lugar en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional de Venezuela, 180 de 182 países.
Lo que dicen los expertos
“La fuerza del terremoto no explica por sí sola el colapso de tantos edificios”. Especialistas consultados por la prensa destacan que la vulnerabilidad acumulada de la infraestructura habría incrementado los daños.
Fuentes: Transparencia Internacional y Transparencia Venezuela
México responde a Venezuela
La ayuda humanitaria en cifras.
71.2 toneladas de ayuda enviadas durante la primera etapa de la emergencia.
Personal desplegado 250 elementos entre médicos, enfermeros, camilleros, rescatistas, especialistas en búsqueda
18 binomios caninos especializados en localización de sobrevivientes.
Transporte aéreo Tres aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana, dos Boeing 737-800 y un C-130 Hércules.
Material enviado Medicamentos, insumos médicos, herramientas de rescate, equipo de salvamento, plantas de energía, alimentos, agua potable.
Fuentes: Presidencia de México, Defensa y Semar

