Los impuestos al alcohol y refrescos en Latam son demasiado bajos

La OPS advierte que, con impuestos tan bajos, el verdadero costo lo paga el cuerpo

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ONU
| Actualizado 🕑 16:26
Nacional
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CDMX. 9 de junio de 2026. Las Américas lideran el mundo en consumo de alcohol y bebidas azucaradas, pero sus impuestos a esos artículos están en la cola. Así lo revelan dos informes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicados este martes: mientras los adultos de la región consumen casi el triple de refrescos que el promedio global (7,8 porciones por semana frente a 2,7), los impuestos a las bebidas azucaradas apenas alcanzan el 17,1% del precio final, por debajo de la media mundial.

La cerveza tributa al 25,5%, frente al 29,4% global, y los licores al 31,5% (38,7% en el mundo). Un tercio de los países de la región ni siquiera grava las bebidas azucaradas.

El cuerpo paga la factura
El impacto no es menor. El consumo elevado de estos productos está directamente vinculado a la epidemia de obesidad que ya afecta a dos de cada tres adultos en la región (67,5%), así como a diabetes, enfermedades cardiovasculares, cáncer y violencia asociada al alcohol. Son muertes y enfermedades que los impuestos podrían prevenir.

La OPS lo dice claro: los impuestos al alcohol y las sodas, a los que califica como impuestos saludables, son una de las intervenciones de salud pública más costo efectivas que existen. No solo reducen el consumo nocivo, sino que generan ingresos que los gobiernos pueden invertir en salud y protección social.

Lo que funciona (y lo que no)
El problema es que muchos países aplican tasas bajas, bases tributarias limitadas o no ajustan los impuestos a la inflación. Algunos excluyen productos de alto riesgo, como las bebidas lácteas azucaradas o los jugos de frutas, lo que desvía el consumo hacia lo no gravado.

Pero hay buenas noticias. Barbados, Colombia y Dominica han avanzado en los últimos años. Los informes de la OPS son un mapa de ruta: subir impuestos, ampliar la cobertura de productos, ajustar por inflación y monitorear los resultados.

El mensaje es claro: si los impuestos no cambian hábitos, no están funcionando. Y en las Américas, el costo de no actuar se mide en enfermedades, muertes y sistemas de salud colapsados. La herramienta está sobre la mesa. Solo falta usarla bien.

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