Foto: Especial
Goran Bogicevic
23 octubre 2019
Martha Mejía
Bienestar

CACTÁCEAS, MÁS ORO VERDE DE MÉXICO

Más de 30% de la población mundial de cactus está en riesgo de extinción.

En 1975 se descubrió en Baja California una subespecie del cactus Echinocereus ferrerianus llamada lindsayi: la gracia de su piel verdosa, sus espinas blancas, pero sobre todo el colorido de sus flores violetas y rojas la convirtieron rápidamente en una pieza codiciada dentro de los jardines de los coleccionistas.

Luego de 15 años de saqueos la especie se declaró extinta, demostrando que ni el cambio en el uso de suelo ni la urbanización representan un peligro tan grande como el tráfico ilegal.

Belleza endémica

De acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) más de 30% de la población mundial de cactus, englobadas bajo el nombre científico de cactáceas, está en riesgo de extinción.

“Las cactáceas son un grupo de plantas endémicas del continente americano. Son unas mil 800 especies de las que más de 850 vive en México; es decir, casi 80% son endémicas del país”, indica en entrevista Gabriel Olalde Parra, responsable de la colección de cactáceas del Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM.

Explica que las cactáceas crecen en tierras áridas, lejos de los núcleos poblados. “Precisamente esa es su mayor vulnerabilidad: en México, donde crecen 850 individuos sobre dos mil especies catalogadas del mundo, es muy difícil controlar los cactus que son sustraídos de sus hábitat, en parajes difíciles de acceder y donde apenas existen autoridades ambientales”.

La principal característica por la cual podemos reconocer a una cactácea, explica el biólogo, es la presencia de una estructura conocida como areola; a partir de estas se desarrollan las espinas, consideradas como ramas altamente modificadas. Las areolas se encuentran tanto en las plantas como en las flores y en los frutos de la mayoría de especies de este grupo de plantas.

“Como parte de su evolución las cactáceas han adquirido un tejido parenquimático altamente especializado en el almacenamiento de agua. Este tejido almacena tanto agua como nutrientes que les permiten sobrevivir durante las épocas de sequía; durante la época de lluvia absorben grandes cantidades de agua y minerales que después van a transformar en nutrientes y en productos elaborados a través de la fotosíntesis”, dice Olalde Parra.

A su vez Juan Jorge Avilés Ortega, presidente del Instituto Mexicano de Fauna, Flora y Sustentabilidad Social AC, añade que estas plantas también cuentan con una alta tasa de fotosíntesis porque tienen metabolismo CAM (Metabolismo Ácido de las Crasuláceas).

“También nos brindan servicios ecosistémicos: además de oxígeno, absorben CO2 (dióxido de carbono) y también metales pesados; pero no solo eso sino que también nos brindan alimentos, de los cuales entre los más conocidos están el nopal, la tuna, el xoconostle y la pitaya”, indica Avilés.

Está comprobado, señalan los especialistas, que las cactáceas se han usado desde la época prehispánica con diversos fines, incluyendo medicinales, alimenticios, forraje para el ganado, cultivar la cochinilla de la grana, entre otros.

Su importancia ecológica, comenta Gabriel Olalde, del Jardín Botánico de la UNAM, es inmensa “ya que forma parte de cadenas alimenticias de muchos otros seres vivos. Han sido muy importantes desde antes de la época prehispánica y hasta la fecha, de tal manera que podemos decir que son las plantas del futuro”.

Peligro y rescate

En las décadas de los setenta y ochenta millones de cactáceas silvestres salieron de México hacia Estados Unidos, Europa y Japón, todas de manera ilegal.

“Fue hasta 1991, con la incorporación de México a la Convención Internacional sobre el Comercio de Especies Amenazadas de Fauna y Flora (CITES), que se pudo poner freno y organizar un mejor control en cuanto a este tema”, expresa a Vértigo Paola Mosig Reidl, coordinadora de la Autoridad Científica CITES de México en Conabio.

A partir de entonces ninguna autoridad puede expedir un permiso de exportación sin la autorización de este organismo. “En México la CITES trabaja por medio de una autoridad administrativa, que es la Dirección General de Vida Silvestre de la Semarnat; una autoridad científica, que es la Conabio, y una autoridad de aplicación, que es la Profepa”, explica Mosig.

Pese al trabajo realizado por la CITES y las autoridades ambientales los traficantes se las ingenian y siguen burlando los controles: ahora se dedican a exportar semillas y ejemplares más pequeños.

“Los países que más importan nuestras cactáceas son los europeos, Estados Unidos y Corea. Estos se han llevado a lo largo del tiempo especies y semillas, la mayoría de las veces de manera ilegal, ya que para muchas de ellas no hay permisos de exportación y las han reproducido de manera masiva en viveros, y ahora las exportan a todas partes del mundo”, señala.

Por citar un ejemplo puntualiza que entre 1998 y 2017 se exportaron alrededor del mundo 39 mil ejemplares vivos de Ferocactus latispinus al año, mientras que México solamente exportó cinco individuos en el mismo periodo”.

A su vez Avilés Ortega agrega que un ejemplar mexicano de cactáceas puede llegar a costar hasta cinco mil dólares en el mercado negro.

Pasa también, indica Paola Mosig, que vienen los extranjeros, le piden a alguien de la comunidad que los lleve a lugares específicos donde saben que hay especies que se distribuyen en un pedazo muy pequeño del país y se las llevan: las comunidades tampoco se han dado cuenta de las riquezas que poseen en sus terrenos.

Sustentable

De acuerdo con los especialistas lo ideal sería fomentar la reproducción legal y sustentable de estas especies con un uso mixto en el medio silvestre.

“Es decir, que nuestras comunidades tengan el incentivo de cuidar el hábitat y conservarlo a través de las Unidades de Conservación de la Vida Silvestre (UMA). Y que también puedan extraer una parte de semillas y quizás algún ejemplar de manera sustentable, para después reproducirlo en el medio artificial para obtener de ello una ganancia económica”, comenta Paola Mosig.

Al respecto Gabriel Olalde indica que para este tema es de suma importancia concientizar a las comunidades rurales sobre la importancia de la conservación de las cactáceas y la riqueza que representan.

“Hemos trabajado con comunidades en Hidalgo, Sinaloa, Durango y Tamaulipas. Los proyectos sustentables de reproducción de cactáceas que hemos impulsado en zonas rurales son muy importantes ya que además de crear fuentes de trabajo e ingresos económicos, al crecer pueden representar ingresos muy atractivos para el país”.