Como corresponde, año con año se llevó a cabo la ceremonia solemne en memoria de los Niños Héroes, caídos en combate, defendiendo a la Patria contra el Ejército invasor estadunidense. Batallas y acciones civiles de auténtico fervor nacionalista se dieron antes y después de tan señalada fecha. Sobre todo, durante los largos seis meses de ocupación de la Ciudad de México, con la bandera agresora a toda asta en el Palacio Nacional.
Posteriormente, nuestro país atravesó un dilatado y violento periodo que se prolongó hasta la caída del Segundo Imperio, en junio de 1867, pasando por la que es considerada por los historiadores militares como el conflicto armado más sangriento del siglo XIX, conocido como la Guerra de Reforma o la Guerra de los Tres años (1856-1861).
Terminé de leer y estudiar un fragmento de las memorias del teniente Ulysses S. Grant, llamado La guerra con México. Junto con él, estuvieron en las filas invasoras, otros oficiales como Robert Lee y otros más que tuvieron un papel central en la historia de Estados Unidos, durante y después de la mal llamada Guerra Civil (1861-1865).
El mismo y victorioso general Grant fue ocho años (1869-1877) presidente de su país, impulsado por su talento militar y capacidad de gestión administrativa. En la contraportada de la publicación, realizada por la prestigiosa editorial Masdar, se lee: “Con sobriedad y una sorprendente franqueza, describe batallas emblemáticas como Palo Alto, Resaca de la Palma, Monterrey, Cerro Gordo y Chapultepec, así como la vida en campaña, las tensiones políticas y la complejidad moral de un conflicto que él mismo describió como una (guerra) de las más injustas jamás libradas por un pueblo más fuerte contra uno más débil”.
Recordar estos dramáticos acontecimientos resulta sustancial para la comprensión de lo que atinadamente calificó el historiador británico David A. Brading como el surgimiento del nacionalismo mexicano. Tan es así, como sabemos, que la letra de nuestro Himno Nacional tiene como fundamental fuente de inspiración y referencia a esa guerra invasora (1846-1848).
Respeto a los héroes
Esta reflexión se enmarca en una coyuntura en donde una semana sí y la subsecuente también, desde el Despacho Oval y el gabinete de inteligencia y seguridad civiles de ese país, lanzan críticas y descalificaciones al gobierno y al prestigio de México.
De ser el primer socio comercial de manera consistente durante décadas, el titular de la Casa Blanca ironiza respecto de que México solo exporta a su país “tomates y tamales picantes”.
En medio de acechanzas absurdas, como la iniciativa, ampliamente rechazada por la opinión estadunidense de cambiar el nombre de la entidad federativa de Nuevo México a “Nueva América”, la gesta heroica de los Niños Héroes, así como del Batallón de San Patricio y del Coronel Felipe Santiago Xicoténcatl, al frente del Batallón de San Blas, nos recuerda que por la Patria y las causas justas, se debe estar dispuesto a sacrificar la vida, tal como aquellos mexicanos e irlandeses lo hicieron.
La construcción y consolidación de la identidad nacional, por tanto, es permanente. Día con día, con las acciones cívicas, apegadas a las buenas costumbres y manera, con respeto a las leyes y a las instituciones, es como los países logran proyectar una presencia en el concierto internacional, precedida por el buen gobierno y la democracia liberal.
Por eso, los hechos de la Batalla de Chapultepec y todos aquellos que antecedieron y se desarrollaron durante la invasión estadunidense, son la base fundamental de nuestro nacionalismo, que nos recuerda hoy y siempre, que la Patria se fortalece con base al extendido conocimiento de la sociedad de su misma historia.
Felices Fiestas Patrias. Memoria y respeto a los héroes de México.

