Nuestra bandera no debe servirnos de escudo para atacar o defendernos sino para abrazarnos con nuestros semejantes.
Anónimo
La bandera de México y la de Italia parecen primas lejanas: las dos tienen tres franjas verticales en verde, blanco y rojo. Mucha gente cree que una copió a la otra, o que existe una especie de relación secreta entre Roma y la Ciudad de México, como si Benito Juárez hubiera desayunado pizza con Garibaldi. Pero la realidad es más interesante y, sobre todo, más histórica.
La coincidencia de colores viene de una época en la que medio mundo estaba obsesionado con las revoluciones, las independencias y las ideas nacionalistas.
A finales del siglo XVIII y principios del XIX los países comenzaron a usar banderas tricolores, porque la Revolución Francesa había puesto de moda eso de representar ideales políticos mediante colores simples y fáciles de identificar. Antes de eso muchas banderas parecían manteles reales llenos de escudos complicados, coronas, águilas, leones y adornos que parecían sacados de una iglesia barroca después de una peda de arquitectos.
La bandera italiana nació inspirada precisamente por Francia. Cuando Napoleón invadió territorios italianos surgieron movimientos revolucionarios que adoptaron el verde, blanco y rojo como símbolo de unidad nacional. El verde representaba, según algunas versiones, las llanuras italianas; el blanco, la nieve de los Alpes; y el rojo, la sangre derramada por quienes luchaban por Italia. Aunque hay distintas interpretaciones, lo importante es que los italianos veían esos colores como un emblema patriótico y revolucionario.
Por otro lado, la bandera mexicana tiene un origen completamente distinto. Nació durante la Independencia de México, especialmente con el Ejército Trigarante en 1821. Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero necesitaban una bandera que simbolizara las “Tres Garantías”: religión, independencia y unión. Así aparecieron el verde, el blanco y el rojo.
En aquel momento los significados eran estos: verde: independencia de España; blanco: la religión católica; rojo: la unión entre europeos y americanos.
Símbolos
Con el tiempo los significados cambiaron. Después de las reformas liberales y de la separación entre Iglesia y Estado ya no sonaba muy moderno eso de poner la religión católica como centro de la bandera. Entonces los colores adquirieron interpretaciones más patrióticas: verde: esperanza; blanco: unidad; rojo: la sangre de los héroes nacionales.
Ahí está la gran diferencia: aunque ambas banderas comparten colores, cada una surgió por motivos históricos totalmente separados. Italia no le copió a México y México no le copió a Italia. Fue más bien una coincidencia nacida de la moda política del siglo XIX, cuando las banderas tricolores estaban por todos lados. Francia tenía azul, blanco y rojo; Irlanda verde, blanco y naranja; Bélgica negro, amarillo y rojo. Era la época de los colores patrióticos y de los pueblos diciendo: “Ya estuvo suave de reyes y emperadores”.
Ahora bien, sí existe una diferencia visual importante. La bandera mexicana lleva en el centro el escudo nacional: el águila devorando una serpiente sobre un nopal. Ese símbolo viene de la tradición mexica sobre la fundación de Tenochtitlan. Según la leyenda, los mexicas debían construir su ciudad donde vieran un águila posada sobre un nopal mientras se comía una serpiente. Cuando encontraron esa escena en medio del lago de Texcoco, dijeron: “Aquí mero”. Y así nació la capital del imperio mexica.
La bandera italiana, en cambio, normalmente no lleva escudo. Es mucho más simple: tres franjas limpias y ya.
De hecho, cuando uno ve ambas banderas desde lejos y sin el escudo mexicano, sí pueden confundirse un poco. Sobre todo porque el acomodo de colores es idéntico: verde a la izquierda, blanco en medio y rojo a la derecha. La diferencia principal está en el tono. El verde mexicano suele ser más oscuro y profundo, mientras que el italiano acostumbra un verde más brillante.
Hay anécdotas curiosas: durante eventos deportivos internacionales más de un turista despistado ha confundido las banderas. Imagínate al pobre italiano llegando al Zócalo pensando que habrá pasta y encontrándose con tacos al pastor, mariachis y un señor gritándole “¡Llévelo, güerita!” O al mexicano en Roma buscando enchiladas y terminando frente a un plato de ravioles. La historia también está llena de pequeñas confusiones así. Pero al final, las dos banderas representan cosas muy distintas. La italiana simboliza la unificación de una nación europea fragmentada durante siglos. La mexicana representa una mezcla de herencia indígena, lucha independentista y construcción nacional después de la caída del dominio español.

