El autoritarismo vive en la opacidad. Por eso no sorprende que Morena, que en muy poco tiempo se ha convertido en el nuevo partido hegemónico de México, haya tomado la decisión de ocultar los resultados de las encuestas con las que, supuestamente, está eligiendo a los candidatos a gobiernos estatales. Y sí, son candidatos, a pesar de que Morena los presenta como “coordinadores de la defensa de la transformación y la soberanía nacional” para darle la vuelta a la ley que no permite tener candidatos todavía.
Los líderes de Morena dicen que su partido es más democrático que otros y que por eso eligen a sus candidatos con encuestas. Nadie les ha explicado que una encuesta no es un procedimiento democrático. Solo las elecciones primarias pueden considerarse una forma democrática de escoger a los candidatos de un partido. Pero los morenistas violan incluso sus propias reglas. En algunos casos designan a los candidatos por tómbola, en otros regresan al tradicional dedazo del PRI del siglo XX.
Para la elección de 2021 en Sinaloa el entonces presidente López Obrador seleccionó directamente a Rubén Rocha Moya, hoy acusado en Estados Unidos de complicidad con el narco, a pesar de que las encuestas favorecían al entonces alcalde de Mazatlán, Luis Guillermo El Químico Benítez Torres. En 2024 Omar García Harfuch quedó 14 puntos arriba en las encuestas en la Ciudad de México, pero el partido seleccionó a Clara Brugada.
En los últimos días Morena ha venido anunciando a sus candidatos a varios gobiernos estatales, a pesar de que la ley prohíbe que se adelanten estas designaciones. Sin embargo, no solo quebranta la ley, sino también sus propios principios.
La presidenta Sheinbaum promovió una ley para supuestamente impedir el nepotismo a partir de 2030, pero adelantó su aplicación en Morena a 2026. La regla cerró la puerta en Zacatecas a Saúl Monreal, hermano del gobernador David Monreal, a pesar de que lejos de ser su aliado es su adversario. Sin embargo, el partido escogió como candidata a Verónica Díaz, mucho más cercana al gobernador, a pesar de que estuvo casada con otro hermano suyo, Luis Enrique Monreal.
Irregularidades
Otro aspirante, José Narro Céspedes, acusó irregularidades en las encuestas, pero como no se han revelado ni los resultados ni los procedimientos es imposible saber si esto es verdad.
En Guerrero Morena seleccionó a Beatriz Mojica, quien hace años afirmó en una entrevista que nunca se uniría al movimiento de López Obrador porque no compartía su “visión autoritaria”. Esto no le impidió después afiliarse a Morena, ni ser postulada ahora como candidata al gobierno de la entidad. Abelina López, la cuestionada alcaldesa de Acapulco, a la que se ha acusado de malversación de fondos, dijo que “ganaron en las encuestas de papel, pero yo tengo la encuesta real, más de 100 mil personas que caminaron conmigo”.
En Quintana Roo se anunció la designación de Eugenio Gino Segura, de solo 32 años, quien compensa su falta de trayectoria con su cercanía a la gobernadora Mara Lezama. Ha sido, en verdad, muy cercano. Lezama ha realizado cientos de vuelos en aviones privados durante su gobierno, que ella dice que pagó de su propio bolsillo, pero Segura la acompañó en por lo menos 19 al extranjero.
Lo más importante ahora es que Morena ha decidido esconder los resultados de las encuestas. Si bien considera que el pueblo bueno es sabio, no lo es tanto como para saber cuáles fueron estos resultados. Quizá la opacidad es solo una forma de ocultar que el partido ha regresado al dedazo.

