LA PIEDAD DE BONNETT

Piedad Bonnett
Cultura
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Piedad Bonnett. Lo terrible es el borde. Antología poética. Visor. 229 pp.

Desde hace algunos años el nombre de Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951) figura con letras mayúsculas dentro de la literatura latinoamericana. En una época donde la novela es el género más conocido y vendido sus testimoniales Lo que no tiene nombre y La mujer incierta la han dado a conocer entre sus hoy cientos de lectores.

Sin embargo, antes que estos títulos, desde luego centrales, ella ya era una poeta con una reputación bien ganada entre la crítica.

Con el objetivo de aprovechar la cresta de la ola y dar nueva vida a sus versos el sello Visor publica Lo terrible es el borde, su antología más robusta hasta la fecha. La selección realizada por Malola Romero Carbonell traza una curva que tiende puentes con la biografía de la poeta, pero al mismo tiempo, y quizás esto es lo más importante, con sus obsesiones.

“Uno de los indicios reveladores de la verdad poética de la escritora colombiana es el retrato realizado del mundo de los otros, definido por el predominio de la soledad, la incomunicación y la insolidaridad”, detalla la editora en la nota introductoria.

El apunte es oportuno porque adelanta algo de lo que nos encontraremos en las páginas interiores. Una de las virtudes de Bonnett como poeta es su capacidad para comunicar y acompañar al lector en sus emociones. A través de sus versos se expone a sí misma para invitarnos a bajar la guardia y hablar de manera horizontal con sus lectores, al mismo tiempo que nos permite detectar la diversidad de una voz que consigue hacer de lo íntimo una cualidad.

Acompañamiento 

En su poema Vigilante, escrito luego de la muerte de su hijo Daniel, leemos: “Pinté un perro para que cuidara mi puerta,/ un perro triste y feroz al mismo tiempo/ que disuadiera a cualquier atacante./ Pero cuando fui a colgar el perro en mi puerta/ vi que no había puertas, ni ventanas./ Pasé mi mano por la pared rugosa/ buscando una grieta,/ tal vez un agujero. Comprendí que yo era la pared,/ que iba a morir sin aire,/ que la única grieta está en mis adentros/ y que por los agujeros de mis ojos/ miraba un perro triste,/ triste y feroz al mismo tiempo”.

En sus versos hay dolor, sufrimiento, pero también encontramos un esfuerzo personal por asumir que hay cosas que no podemos controlar y que es imposible detener. Y es precisamente en ese ir hacia lo más personal donde la también ganadora del Premio Reina Sofía de Poesía nos interpela de una manera tan íntima y sin concesiones, que al final la lectura resulta más que una experiencia estética, una experiencia que nos acompaña y nos reconforta.

Otros títulos de Piedad Bonnett son Las herencias, Explicaciones no pedidas y Los habitados.

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