MONINA: MOVIMIENTO DE NIPONIZACIÓN NACIONAL
Ahí les va un chiste de amplia circulación en Monterrey: “¿Cuánto cuesta educar a un mexicano?” Respuesta: “¡Dos dólares! Lo que pagas en el puente para pasar por tierra a Estados Unidos”.
jpd@DelgadoCantu.com
Ahí les va un chiste de amplia circulación en Monterrey: “¿Cuánto cuesta educar a un mexicano?” Respuesta: “¡Dos dólares! Lo que pagas en el puente para pasar por tierra a Estados Unidos”.
¿Cómo vamos, señores? ¿Ya fue suficiente desmadre por un año o le seguimos un poco más? Pregunto esto porque es más que obvio que 2026 inició de una manera excepcionalmente violenta, brutal y ruda; más para los que trabajamos en medios de comunicación. Y ya se los he dicho antes, pero ustedes de plano no hacen caso: ¡no hay tregua, raza!
Ya lo he dicho anteriormente, pero lo voy a repetir: México parece incapaz de mirar hacia el futuro y más bien nos atamos a nuestro pasado (supuestamente) glorioso como fuente de estimulación cultural.
Nadie podría negar que lo que ha acontecido en Estados Unidos durante las últimas semanas es completamente anormal. El envío de cientos de agentes del ICE, la Border Patrol y otras fuerzas federales a estados y ciudades gobernadas por demócratas es evidencia clara de que Donald Trump ha iniciado —de manera planeada y deliberada— una campaña de terror contra sus propios ciudadanos.
Después de este emocionante y caótico inicio de año parecería absurdo intentar predecir qué nos podría deparar el resto de 2026. Pero aceptémoslo: los seres humanos tenemos una necesidad casi patológica de encontrar alguna señal entre el ruido, aunque sea para conservar la ilusión de control en medio del caos.
Estoy seguro de que muchos analistas recurrirán a la siguiente frase en estos días, pero aun así pienso usarla: “Hay décadas en las que no ocurre nada, y hay semanas en las que ocurren décadas”. Lo anterior lo dijo Lenin en su momento, y para bien o para mal no pudimos tener una semana que sacudiera más la geopolítica de este hemisferio que la que nos recetó Donald Trump el pasado 3 de enero.
Como bien dice el clásico: “el que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse”. Porque aun cuando yo pensaba que mi columna pasada sería la última del año, el Consejo Supremo de esta prestigiosa revista tenía otros planes para mis vacaciones. Se los vuelvo a repetir, señores: ¡no hay tregua!
En mi columna anterior repasamos cómo, a pesar de todas las calamidades, la humanidad logró dar algunos chispazos de esperanza en 2025. Para no hacernos ilusiones conviene asumir desde ahora que el próximo año vendrá igual o más ajetreado. Para irnos preparando mentalmente recurramos al periodista Tom Standage, de The Economist, quien publicó las diez tendencias que según él definirán los próximos doce meses. ¿El denominador común? Un tornado geopolítico llamado Donald Trump.
¡Ah, muchachos! Nuevamente llegamos a ese ritual anual donde reaparece mi frase conocida ya por todos ustedes: “Si están leyendo esto, es porque lograron sobrevivir a este año”.
Les voy a ser sincero: en caso de que llegara a suceder, yo estaría completamente a favor de una intervención de Estados Unidos para derrocar al grotesco régimen dictatorial de Nicolás Maduro.