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Fieles con mascarillas asistieron a la misa
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Todo empezó con el rabioso grito: Tutti frutti all rootie, tutti frutti all rottie, tutti frutti all rootie, awopbopaloobop alopbamboom. No había tiempo para letras profundas acerca de marginación y denuncia —eso iba por cuenta del blues y el folk. Tampoco hacía falta el virtuosismo de los músicos de jazz. Monk, Coltrane, Armstrong, eran monstruos en un género genial, pero no apto para cualquiera. Corría 1955 cuando Richard Wayne Penniman, de nombre artístico Little Richard, hizo del piano un arma de artillería pesada y cambió el rumbo de la música pop. Creció escuchando a Bing Crosby y a Ella Fitzgerald en su natal Georgia. Procedía de una familia humilde. Conoció el racismo y la segregación de primera mano, al punto que acumuló la rabia suficiente para convertirse en el primer músico en hacer del rock and roll un arma a su favor.
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La educación es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos.
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Esta historia no tiene ningún parecido con la realidad actual, pero uno nunca sabe.
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Millones de personas vuelven a sus actividades diarias de manera paulatina.
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El coronavirus destruirá 305 millones de puestos de trabajo en el mundo.
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La construcción de tres pisos se iluminaba a toda luz en las fiestas del Centenario de 1910.
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El grave daño ocasionado a la planta productiva estadunidense generará una contracción económica de 3.8 a 5% durante 2020 en ese país, prevén especialistas.
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El Papa Francisco llamó a los fieles a “no ceder a la resignación” y a centrarse en un “mensaje de esperanza” durante su discurso el sábado por la Vigilia Pascual, en una Basílica de San Pedro vacía por las medidas tomadas para contener la pandemia de coronavirus.A la vigilia, que habitualmente se lleva a cabo en una iglesia atestada con al menos 10.000 personas, asistieron apenas unas dos decenas de personas, incluyendo a los acólitos y a un pequeño coro.
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El Papa Francisco llamó a los fieles a “no ceder a la resignación” y a centrarse en un “mensaje de esperanza” durante su discurso el sábado por la Vigilia Pascual, en una Basílica de San Pedro vacía por las medidas tomadas para contener la pandemia de coronavirus.A la vigilia, que habitualmente se lleva a cabo en una iglesia atestada con al menos 10.000 personas, asistieron apenas unas dos decenas de personas, incluyendo a los acólitos y a un pequeño coro.
