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CENSURA Y MIEDO

“Cualquier voz disidente representa el principio del fin”.

Joseph Stalin-Poder absoluto.
Joseph Stalin-Poder absoluto.|Foto: Wikimedia Commons

A medida que un régimen autoritario se consolida cerrando todos los espacios de participación democrática, el temor por cualquier manifestación de crítica lo obliga a convertirse en un persecutor permanente que no está dispuesto a tolerar, ya no un debate público, sino toda expresión de humor político que satirice a personajes encumbrados en el poder. La ausencia del sentido del humor y la necesidad de silenciar a toda expresión irreverente que se burle de políticos y funcionarios es una característica propia de regímenes que se transforman en dictaduras absolutas en el corto y mediano plazo.

El chiste clandestino que circulaba en la Unión Soviética decía que los dentistas rusos habían conseguido realizar extracciones dentales por la vía anal, porque nadie en ese país estaba dispuesto a abrir la boca. Y es que en una democracia liberal, la crítica sirve como expresión de legitimidad de un sistema que se basa en la pluralidad y en la discusión fuerte cuyos límites son a veces difícil de determinar.

Pero para un gobierno autoritario cualquier voz disidente representa el principio del fin porque considera que la pluralidad de ideas es sinónimo de destrucción de la hegemonía ideológica a través de la cual controla absolutamente todo. Así, en los tiempos del presidencialismo absoluto priista era imposible satirizar al primer mandatario o siquiera caricaturizar a un funcionario público sin recibir una sanción por ello. La carpa era el espacio donde la burla al poder se expresaba con limitaciones porque los inspectores de Gobernación clausuraban el escenario a discreción y sin tener que dar explicación alguna.

Eso terminó con la transición democrática en donde prensa, radio y televisión se abrieron al pluralismo político de manera clara y sin recibir amenazas por parte del poder establecido. Por supuesto que siempre existió una tensa presión entre gobierno y medios, pero esta pudo ser canalizada de manera que las partes pudieron convivir de forma civilizada y tolerante.

Autoritarismo

Pero el triunfo de López Obrador y la denominada Cuarta Transformación (4T) desmontaron poco a poco el andamiaje democrático y sin pudor alguno tomaron por asalto los medios públicos para convertirlos en órganos de propaganda gubernamental, al mismo tiempo que ejercieron la presión necesaria para deshacerse de todo periodista y comunicador no alineado al régimen o incapaz de someterse a la argumentación propagandista de los jilgueros pagados para aplaudir como focas durante las mañaneras.

Pero el poder absoluto reconstruido de manera grotesca por la 4T no se conformó con este manejo de medios. Como todo autoritarismo, no puede permitir dejar libre ningún espacio. Por eso van ahora por la tecnología digital, por la sátira llevada a cabo a través de los llamados memes, y por cualquier medio que pretenda poner en duda la infalibilidad de esta nueva dictadura sexenal.

Mientras más poder obtienen, más son sus muestras de temor por la crítica en cualquiera de sus modalidades, y más burda es la argumentación que pretende justificar la destrucción de la democracia mexicana.

La censura es el arma preferida del déspota, y su convicción de que los opositores políticos son traidores a los que hay que silenciar, es algo a lo que no está dispuesto a renunciar. Pero una sociedad sin voces libres que sean escuchadas y tomadas en cuenta en el debate nacional es prácticamente un ente muerto o en vías de perecer. No lo podemos permitir.