El sonorense Adolfo de la Huerta es un personaje recordado principalmente en la historia mexicana por su participación en el Plan de Agua Prieta, su presidencia interina y su fallido levantamiento en 1924. En pocas palabras, se le recuerda, al igual que a muchos mexicanos, por su carrera política. Pero, como todo ser humano, su vida es más compleja que una superficie muestra.
Nacido en una época de varios cambios, participante de la Revolución mexicana, Adolfo de la Huerta desempeñó un papel importante en el Plan de Agua Prieta, un movimiento que alteró significativamente el curso político de México en 1920. Después fue presidente interino, una posición que manejó a partir de la necesidad de restablecer la paz tras casi una década de guerra en el país.
La carrera de Adolfo de la Huerta dio un giro dramático tras la derrota de la rebelión delahuertista, en la que se levantó en armas contra sus antiguos aliados, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, entre 1923 y 1924. Con el fracaso, partió hacia el exilio en Estados Unidos. Lejos de la política mexicana, se enfocó en una profesión más humilde: la enseñanza del canto. Junto a su esposa Clara Oriol, abrió un estudio en su casa cerca de Hollywood, California. Uno de sus alumnos fue Roberto Guzmán Esparza, quien también fue su biógrafo.
La residencia del sonorense revelaba su conexión con México. Según Guzmán Esparza en Adolfo de la Huerta, el desconocido, las paredes estaban adornadas con sarapes y rebozos mexicanos, algunos con la frase: “Al presidente de México, Adolfo de la Huerta, presidente y artista”. Su esposa tocaba el piano y él la acompañaba con el canto. Las clases eran rigurosas, pero llenas de calidez y conocimiento.
Adaptación
El exilio de Adolfo de la Huerta coincidió con una época en la que el cine sonoro comenzaba a reemplazar al mudo, lo que llevó a varios artistas a preocuparse por sus habilidades para cantar. Unos cuantos vieron que el estudio del exmandatario era una opción atractiva.
En 1929, el periódico Los Angeles Examiner escribió lo siguiente sobre De la Huerta: “Adolfo de la Huerta, expresidente mexicano, ahora enseña canto en su casa en 4803 Hollywood Boulevard. Mientras espera la esperada invitación para regresar a México y terminar su actual exilio, el expresidente todavía enfrenta la necesidad de alimentarse y proveer comida y refugio para su familia. Por lo tanto, enseña canto, teniendo un método especial propio en el entrenamiento vocal. Siempre fue conocido como un excelente maestro de canto; incluso cuando estaba en el gabinete mexicano y en la presidencia, a menudo enseñaba a alumnos favorecidos por las tardes”.
Su transición de un líder político en tiempos convulsos a un docente musical en el exilio revela la naturaleza contingente de las personas. Esta fue una parte integral de su identidad que lo acompañó a lo largo de su vida y se manifestó al final de su carrera política.
Tal cambio de la política a la enseñanza artística fue tanto una adaptación a las circunstancias como una manifestación de sus intereses y habilidades personales; atractivo para la transformación que recorría el mundo del espectáculo.
Su vida muestra cómo la trayectoria de una figura histórica se puede llegar a insertar en un espectro más amplio. Revolucionario, presidente, opositor político y maestro de canto, ¿cuántos no tendrán historias similares?















































