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LOS ÚLTIMOS INDEPENDENTISTAS Y SU RELEVO

Su pensamiento político respondía a nuevos intereses nacionales

Obra, Solemne y pacífica entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México
Obra, Solemne y pacífica entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México|Foto: Autor anónimo

En la obra Nueva Historia General de México (2010), editada por El Colegio de México (Colmex), Andrés Lira y Anne Staples dedican una breve sección del capítulo Del desastre a la reconstrucción republicana, 1848-1876 al relevo generacional de mediados del siglo XIX.

Para la década de 1860, las últimas figuras públicas nacidas y formadas durante el Virreinato que participaron en la Guerra de Independencia quedaron apartadas de la vida política, fuera por su fallecimiento, la vejez o el exilio.

Este último fue el caso de Antonio López de Santa Anna (1794–1876) tras el triunfo del movimiento surgido del Plan de Ayutla. De hecho, podríamos considerar la Revolución de Ayutla, desarrollada entre 1854 y 1855, el último gran enfrentamiento entre personajes de aquella generación, si nos basamos en sus edades más que en los proyectos ideológicos.

En ella, Juan Álvarez (1790–1867) encabezó el levantamiento que llevó al derrocamiento final de López de Santa Anna. Ambos vivieron durante el Virreinato y combatieron en la Guerra de Independencia. Sin embargo, hacia 1860, el protagonismo político recaía en otros personajes.

A ellos les siguió una nueva generación de gobernantes, intelectuales y líderes cuya formación y trayectoria política se desarrollaron, en buena medida, en el México independiente. Su pensamiento político respondía a nuevos intereses nacionales y recibió la influencia de nuevas corrientes filosóficas. Entre ellas se encontraba el positivismo de Augusto Comte, que tendría una presencia importante en el porfiriato.

Desde luego, no todos perseguían los mismos ideales ni tenían claro qué proyecto de nación debían construir. Tales discrepancias acompañaron a México desde la Independencia hasta, prácticamente, el Porfiriato. Dentro de cada generación coexistían diversas corrientes de pensamiento, visiones contrapuestas y debates internos.

Cambios políticos

En fin, se trataba de personas cuya relación con el pasado virreinal y la Independencia era distinta de la de sus predecesores. Su conocimiento de este partía de observaciones de segundo grado, es decir, de los relatos y las valoraciones de quienes habían presenciado aquel periodo. Incluso podía tratarse de observaciones de tercer grado, cuando estos testimonios llegaban por otras interpretaciones.

Sería erróneo creer que el relevo generacional explica por sí solo las condiciones que intervienen en los procesos históricos. Hay otros tantos factores que influyen en cada caso. No obstante, esta perspectiva ofrece la oportunidad de pensar cuánto pueden perdurar las experiencias en la memoria colectiva y qué peso tienen en la política de una nación. Es un poco como aquella frase que suele decir en broma: “En mis tiempos, la vida era más pesada”.

Desconozco qué independentistas pensaban así, pero sin duda tuvieron la posibilidad de comparar los diferentes sucesos que vivían, observar los cambios políticos y llegar a impulsarlos. También pudieron mirar hacia atrás, hacia el México del Virreinato, la Independencia y los distintos proyectos políticos que allí surgieron, tanto los que se concretaron como los que nunca se realizaron.

No es un aspecto del que se hable mucho, aunque resulte interesante. Solemos recordarlos por lo que hicieron, pero rara vez nos detenemos a pensar en ellos como personas que atravesaron diferentes épocas, con cambios que podríamos llamar drásticos. Todo eso presenciaron.