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HIJAS DE LA HISTORIA. LAS MUJERES QUE CONSTRUYERON MÉXICO

Cuestionaron las costumbres de su época y decidieron cambiar su destino y el rumbo del país

Hijas de la Historia.
Hijas de la Historia.|Foto: I. Revuelta

En muchas ocasiones me han preguntado cómo es que selecciono el tema de mis investigaciones y de los libros que resultan de ellas. La respuesta es siempre la misma: leyendo. Leer ha sido siempre una constante en mi vida. Mucho antes de la escritura.

Desde las tempranas lecturas infantiles que mis padres hacían llegar a mis manos en cumpleaños, Navidad, Día de Reyes o por el simple hecho de que en casa se procuraba el hábito de la lectura; hasta los primeros libros que escogí curiosa en la adolescencia y que devoré de manera compulsiva, no solo en mis ratos libres y en los recreos escolares, sino en los lugares menos esperados como las escapadas de las sobremesas en reuniones familiares, en las filas del cine —no había boletos asignados—, y las del supermercado o en los trayectos carreteros de algún viaje o paseo.

Leía en todos lados. Por largas horas o por breves momentos, pero siempre, desde entonces, estoy leyendo algo antes de sentir la urgencia por consignar algún tema por escrito. Pueden ser una o varias lecturas a la vez. No necesito terminar un libro para iniciar otra lectura. Novelas, ensayos, Historia, reportajes, columnas, cuentos, fábulas, leyendas…, incluso recetarios o guías turísticas. Me gusta leer de todo.

Y es justo en esa variedad que he descubierto las lecturas que más disfruto: las historias de otros y sus otros tiempos y mundos. Historias de ficción o Historia con mayúscula. A la que muchas veces le quito esta última, para comprender mejor la historia personal que cada uno hilvanamos en el gran lienzo de nuestra nación.

De ahí mi pasión por las biografías tejidas en el devenir de México y el principal motivo por el cual escribí Hijas de la Historia. Las mujeres que construyeron a México, 1 y 2.

Siempre presentes en los procesos históricos de nuestro país, las mujeres y su quehacer, no siempre han sido registrados con justicia.

La historiografía mexicana tiene una deuda muy grande con esa indiscutible participación. La miopía radica en no iluminar su participación en todos esos procesos. Personajes femeninos fundacionales y de una enorme trascendencia histórica fueron enterrados bajo pesadas capas de olvido, leyendas negras o biografías almibaradas. Los nombres de algunas mujeres quedaron consignados hasta ahora. Los menos. Otros tantos trascendieron mediante biografías malinterpretadas, desdibujadas por completo. Es por ello que descubrir sus vidas resulta una tarea tanto imprescindible como impostergable, si se quiere conocer nuestra historia de manera completa.

En tiempos recientes, la proliferación de compilaciones biográficas, casi catálogos, puso en la mira a un sinnúmero de mujeres de diversas esferas y mundos. Es por ello que la divulgación histórica también demanda escudriñar sus vidas, pasiones, penas, deseos, límites y hazañas con mayor detalle. Profundamente. Para develar su aportación y presencia a la colectividad y a la cotidianidad de lo que nos es propio. Ahí estuvieron determinada y continuamente. Develando sus historias, “sin mayúscula”, una por una, se remueven velos y capas patinadas de la historia de la que estamos hechos.

Colorida antología

Hijas de la Historia. Las mujeres que construyeron a México, tomo 1 y 2 es el trabajo de investigación de seis años en busca de esa reivindicación. De iluminar las puntadas de 18 mujeres que también bordaron con sus vidas el gran lienzo de la Historia.

Son figuras relevantes en los momentos más emblemáticos, desde el México prehispánico y la Conquista, el México virreinal, la Guerra de Independencia, el México independiente, el Porfiriato, la Revolución y el siglo XX, así como en las primeras décadas del presente siglo. Ellas son Malintzin, Doña Marina; Tecuichpo, Isabel Moctezuma; Mirra, la China Poblana; Sor Juana Inés de la Cruz; María Ignacia La Güera Rodríguez; Fanny Madame Calderón de la Barca; Concepción Lombardo de Miramón; Carmen Serdán; Antonieta Rivas Mercado; Dolores del Río; la Reina Roja de Palenque; Tecuelhuétzin; Luisa Xicoténcatl; Francisca Núñez de Carvajal; Leona Vicario; Margarita Maza de Juárez; Carlota de Bélgica; Juana Catarina Romero; y Leonora Carrington.

Fueron vendidas como esclavas, consideradas santas y demonios. Unieron mundos opuestos por medio de la palabra; escribieron sobre los astros, la noche y la cocina; se hicieron pasar por hombres para levantar un pueblo en armas; conquistaron nuevas tierras y forjaron el destino de nuestro país de forma casi desapercibida. Ellas marcaron el camino. Cuestionaron las costumbres de su época y decidieron cambiar su destino y el rumbo del país.

Bajo una nueva mirada y con la premisa de que el rigor académico no está peleado con lo ameno, Hijas de la Historia ofrece una colorida antología que detalla cómo fue que se consideró a estas mujeres en el tiempo en que vivieron como santas y demonios; vendidas como esclavas; unificadoras de mundos opuestos por medio de la palabra; disfrazadas de hombres para levantar su pueblo en armas; conquistaron nuevas tierras y forjaron nuestro destino casi de forma desapercibida, hasta ahora.

Son analizadas a profundidad, porque son fundamentales para conocer la historia de México, desde sus ojos, vivencias y anhelos, desde sus tragedias y logros, desde su condición de mujeres participantes en la vida nacional. Hablamos de mujeres de carne y hueso, no solo de heroínas o mexicanas famosas distorsionadas detrás de los mitos, escondidas tras los velos almibarados y leyendas negras.

Al escribir sobre sus vidas, descubro el camino complejo, fabuloso y auténtico de lo que es nuestro. Nombrarlas, conocerlas y entenderlas —sin chocantes posturas presentistas— es descubrir mi propia historia, la de mis propios tiempos, también de luchas, retos y pérdidas, pero llena de esperanza en el porvenir. Certera de ir completando ese relato que, sin ellas, simple y llanamente, estaría incompleto.